El nihilismo activo. Genealogía de la modernidad (Julio Quesada Martín)

El nihlismo activo. Genealogía de la modernidad
Guadalajara (México): Universidad de Guadalajara (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Filosofía), 1999.
349 págs. 21’1 x 13’7 cms.
ISBN: 968-895857-3

Julio Quesada trata de responder en este nuevo libro que publica, en la misma línea que su otro libro Ateísmo difícil. A favor de Occidente, a una serie de preguntas que nos hacen mirar hacia atrás para poder seguir avanzando de una manera más consciente en el nuevo milenio que se abre desafiante ante nosotros. Esas preguntas, que han acompañado al autor en sus diversas investigaciones serían las siguientes: ¿Acaba la metafísica occidental en un puro Nihilismo? ¿Sólo un Dios puede salvarnos? ¿Hemos realmente comprendido lo que significa Nihilismo? El título es ya lo suficiente significativo como para orientarnos en la lectura de esta sugerente y “apasionada” filosofía experimental, que necesariamente tiene que provocar y azuzar al más indiferente de los lectores que se acercan curiosos e inocentes a las aguas bravas de esta escritura. Nihilismo activo, no “pasivo”; una genealogía de la modernidad, como hermenéutica deconstructora, que nos permita avanzar por las fisuras que abren nuevos horizontes al pensamiento. Y ciertamente es el nihilismo el hilo conductor de este pensador creativo, inquieto e inconformista que con sus reflexiones, que tocan los puntos más sensibles y neurálgicos de nuestra civilización actual y desgarran los velos edulcorantes academicistas, trata de desenmascarar las debilidades de tantas legitimaciones y justificaciones ideológicas que tamizan el orden preestablecido. En esta obra encontraremos vivencias profundas, compromisos difíciles, mucha heterodoxia y, sobre todo, la inquietud de un espíritu e imaginación mediterráneas que quiere dibujar con su estilo iconoclasta otros caminos del pensar y otros modos de decir que abran el horizonte a una pluralidad rica y tolerante de ideas.

Bajo cuatro epígrafes se desarrolla diversos temas que tocan de una u otra manera una serie de problemas siempre presentes en la filosofía: el problema del nihilismo, el problema del mal, el problema de la metafísica, el problema del vacío que deja Dios para los que ya no creen en él, el problema del nacionalismo, el totalitarismo, la novela, etc. Todos estos temas y problemas son planteados con especial atractivo, dejando a veces que hablen otras voces, con su testimonio: Nietzsche, Ortega, Camus, Rilke, Heidegger, etc., un diálogo entre aquellos autores que señalan en el Nihilismo una de las más importantes claves de nuestra historia. La primera parte de libro está relacionado con la hermenéutica (pp. 17-108), el segundo más bien de carácter metafísico, centrado sobre la crítica del principio de razón suficiente (pp. 109- 226), el tercero bajo el título de Ulises o nada, plantea las posibilidades de la relación filosofía-literatura.

Sísifo y Zaratustra se reencuentran porque anulan el poder de los dioses en medio de la soledad metafísica y la toma de conciencia del nihilismo. Sísifo representa un modelo ejemplar para comprender el eterno retorno. Zaratustra bendice la eternidad del círculo, su estructura narrativa, pues el interprete es reinterpretado eternamente, dialécticamente vuelve a ser negado, como el mar infinito, el texto infinito. Y detrás del concepto de interpretación, la “fuerza”. Interpretar es introducir fuerza en las cosas, violencia, llevarlas más allá de lo que son (interpretaciones). Zaratustra no se queda extasiado frente a nuestra finitud, como lo hacen los predicadores de la muerte, pues para él la muerte no agota la vida. Y Julio Quesada opta por defender a Nietzsche contra Heidegger, porque para este la muerte es la posibilidad más peculiar del Dasein. El antihumanismo de Heidegger hace de la muerte la verdadera sustancia de lo que hay y se olvida de la tercera transformación del espíritu. E autor se muestra en su obra crítico frente Heidegger, frente a su pasado, sus relaciones con el III Reich, y se une a las voces de Adorno y Paul de Man. Se prefiere la interlocución de Hannah Arendt y su defensa ontológica y política de la natalidad, donde se enraíza ontológicamente la facultad de la acción (p. 107) para dialogar con Nietzsche.

Una segunda parte tiene como tema central la crítica al principio de razón suficiente Después de analizar el problema del PRS en Leibniz, el autor explica las razones filosófico-literarias del irracionalismo moderno y contemporáneo. Frente al optimismo onto-teo-teleo-lógico-polítco de la razón, -así define el optimismo de la modernidad-, el pensamiento de Schopenhauer se hace imprescindible como crítica, frente al “optimismo vergonzoso”, porque nos ofrece un análisis del mundo concreto de nuestras vidas que hace cambiar la perspectiva del mal. El mal es una “realidad aplastante”, la única donde no se puede hacer sustracción hermenéutica. No obstante, para Julio Quemada, el problema sigue siendo cómo “narrar la secularización de nuestra finitud”, sin sucumbir a las sombras de Dios (p.151). El capítulo Tiempo , técnica y narratividad trata sobre la crítica del PRS en Heidegger. Para este la esencia del fundamento no está en el PRS sino en la propia trascendencia, clave de la subjetividad. Gracias a este principio, tanto el mundo como el comportamiento del hombre–masa se han transformado en un objeto calculable, legitimando la seguridad sobre el objeto de cálculo. En este contexto tanto Heidegger como Nietzsche habían llegado a la misma conclusión: a Dios se le ha convertido en un “bastón para cansados”. El principio de razón suficiente es el principio de todo representar racional, de tal manera que la tierra entera se transforma en objeto de investigación, pues lo único que vale ya es la eficacia inmediata. La alternativa de Heidegger al PRS es la llamada a favor del arte, y sobre todo de la poesía, para encontrar un concepto de “producción” que no se someta al vasallaje del PRS. Se trata, en definitiva, de salvar las diferencias que el principio de razón suficiente nivela (Cf., p.183). Como ejemplo y colofón de la crítica del PRS, Quesada se pregunta, en un nuevo capítulo, ¿cuál es la razón suficiente de Auschwitz? “Pensar Auschwitz al final de la filosofía significa para la razón histórico-narrativa que de lo que no podemos hablar lo mejor no es callarse sino contarlo una vez más “(p. 199). De nuevo aparece la sombra del fervor heideggeriano por el nacionalsocialismo y los intentos de justificar su nada ambigua posición. La defensa exculpatoria que hace Nolte de Heidegger, constituye para Julio Quesada un “fracaso” al tratar de justificar el silencio de Heidegger frente al holocausto. Basta con leer el trabajo de D.J. Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, para neutralizar los argumentos de Nolte.

La ultima parte lleva como título simbólico Ulises o Nada. Uno de los diagnósticos más extendidos sobre Europa es que el desierto del nihilismo sigue creciendo y creciendo. En las circunstancias actuales la opción por el nihilismo activo supone un giro importante para la historia del pensamiento occidental. Ahora que Dios ha muerto, ¿tiene que tener la vida un sentido para poder vivirla? Para Camus esto era una tragedia y, precisamente, es la condición trágica del hombre la que restituye a la vida su grandeza. Por eso cree Quesada que el nihilismo está en las antípodas del existencialismo heideggeriano. “Ulises o Nada”, la belleza o el totalitarismo, la vida o la eternidad. Por último, una serie de trabajos que giran en torno a la razón narrativa y a la novela trata de buscar en la literatura una alternativa a la abstracción del concepto; tal es el tema de nuestro tiempo. El autor caracteriza castizamente el perspectivismo lingüístico de la novela como la abuela del perspectivismo filosófico. El Quijote se presenta como un paradigma de perspectivismo, pluralidad y democracia. En él todos tienen voz, todos pueden en igual medida expresar sus pensamientos. Por eso, la novela se convierte en “género literario de la democracia”, el género más liberal.

Creo que la obra que reseñamos merece la atención de todos aquellos que nos dedicamos a la filosofía, pues es un ejemplo de cómo se puede colocar la filosofía en la encrucijada de nuestro tiempo, en el centro de los problemas que acosan nuestra vida diaria y real. Probablemente no deje indiferente a nadie. Para unos puede resultar provocadora, por su talante iconoclasta y desmitificador, pero toda provocación despierta la imaginación y el pensamiento aletargado de aquellos que se han instalado en la seguridad de sus “castillos conceptuales”. Es posible, también, que muchos no compartan sus puntos de vista y sus perspectivas, o la manera y la forma en que presenta su filosofía, descarnada, a cara de perro, con actitudes desgarradas, dirigiendo sus dardos contra aquellos puntos sensibles de nuestra cotidianeidad y nuestro presente. Pero nadie le podrá acusar de tibieza y creo que su compromiso por llegar hasta el final de los problemas le hace merecedor de que escuchemos, por lo menos, sus palabras y su voz en medio de estos tiempos sombríos.

Luis E. de Santiago Guervós

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