Subproductos obsesionados por un estilo de vida

“No eres más que un producto. Un producto de un producto de un producto. Los diseñadores de coches son productos. Tus padres son productos. Tus padres eran productos. Tus maestros, productos. El sacerdote de tu iglesia, otro producto. A veces el mejor modo de manejarse con toda esta mierda es no aferrarse a que uno es algo muy valioso. No puedes huir del mundo y no eres responsable de tu aspecto, de si eres bellí¬sima o más fea que un cardo. No eres responsable de lo que sientes ni de lo que dices ni de cómo actúas ni de lo que haces. Nada de eso está en tus manos. Igual que un CD no es responsable de lo que lleva grabado; así es como somos. Eres casi tan libre de actuar como un ordenador programado. Eres casi tan único como un billete de dólar.
Nada tuyo es completamente tuyo. Todo lo que tienes es heredado. Relájate… lo mismo que estás pensando lo piensan un millón de personas. Lo mismo que haces tú lo hacen ellos, y nadie es responsable. Todo tu ser es un esfuerzo cooperativo. Lo mejor es no oponer resistencia, sino dejarse ir. No te pases la vida intentando arreglar las cosas. Cuando huyes de algo solo consigues que permanezca más tiempo contigo. Cuando luchas contra algo, ese algo se vuelve más fuerte. No hagas lo que quieres. Haz lo que no quieres. Haz lo que te han enseñado a no querer. Es lo contrario de perseguir la felicidad. Haz las cosas que te dan más miedo.”
Brandy Alexander en “Monstruos Invisibles”, de Chuck Palahniuk

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