La pérdida de la espontaneidad

“La pérdida de la espontaneidad supone, sin duda alguna, el fracaso más descarado de la comunicación humana que tiene lugar a nivel de nuestra avanzada civilización. Porque no se trata de la inhibición de una tendencia; no hay un instinto de espontaneidad. Se trata de algo, si se quiere expresar metafóricamente, aún más profundo: se trata de que toda acción -cualquiera que ésta sea- en principio tiende a hacerse libremente, espontáneamente. O sea, que el modo natural de verificarse toda acción es el de la espontaneidad. Andar, hablar, se aprendieron desde la espontaneidad que supone la imperfección originaria hasta la perfección que entraña el hacerse luego con total espontaneidad. Piénsese que funciones tan elementales como el andar o el hablar se saben ya, y no obstante fallan, cada vez que se interfiere la necesidad de hacerlo en condiciones determinadas, que precisamente invitan a hacerlas inespontáneamente.

¿Qué vectores son los que inciden en la persona para que funciones tan diestramente aprendidas sean mostradas en su mayor incapacidad? En principio, puede pensarse que hay por lo menos dos órdenes de vectores: los que proceden de la interioridad misma de la persona, mediante los cuales se siente temor a hacer saber como uno es; otros, inherentes al temor a los efectos que se derivarían de mostrarse como uno es. Pero ambas series de factores son inseparables y una deriva de la otra, como esa otra deriva de la primera.”

“La incomunicación” – Carlos Castilla del Pino

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