Luciano de Samósata o el placer de fustigar

Poco sabemos con certeza sobre la vida de Luciano de Samósata. Sus contemporáneos hablaron tan poco de él, que solo disponemos de los datos extraidos en su propia obra. Extraña que un autor tan mordaz y bien considerado en siglos posteriores apenas fuera citado en su propia época. No encontraremos apenas referencias en la antigüedad, e incluso el historiador de la Segunda Sofística, Filóstrato, no se digna a incluirlo en la lista de los representantes de este movimiento, Vidas de los sofistas. Asimismo el léxico de Suda le dedica muy pocas líneas. Se le condenó, sin duda, al ostracismo del outsider a causa de su sinceridad y su incansable deseo de desenmascarar a los impostores de su tiempo.

Casi lo único que podemos afirmar es que Luciano nació en Samósata, en el Sigo II, que fue un escritor culto y prolífico, pudiendo considerársele cercano al movimiento que se conoce con el nombre de Segunda Sofística, que fue pionero en formas literarias como el diálogo que lleva su nombre o los relatos de ciencia ficción, sumando su producción hasta un total de 83 obras.Y, sobre todo, que se dedicó a fustigar, con todas sus fuerzas, muchas de las costumbres e incoherencias de su época. En especial la superstición, la ignorancia, la vaciedad, la hipocresía. No con el espíritu del satírico que confía en cambiar a sus contemporáneos, sino por el placer de desnudar Reyes en un ejercicio incansable contra la hipocresía propia y ajena, y para provocar la risa.

De sus últimos años carecemos de noticias, pero algunas crónicas cuentan de que murió despedazado por unos perros, leyenda sin duda inventada por sus enemigos*.

Para entender a Luciano es importante recalcar el carácter espiritual de la época que le tocó vivir. Los historiadores parecen unánimes en describir el Siglo II d.c. con los rasgos de una sociedad cansada. Caracterizada por un envejecimiento progresivo de la población, la pérdida del lustro Imperial, y cierta esquizofrenia espiritual desde el punto de vista religioso. Fue el Siglo del asentamiento de la concepción de Dios como ser inefable alcanzado no por las vías de la razón sino del misticismo, del auge de la Provicencia Divina, y del nuevo esplendor del neopitagorismo. Así, surgirán curiosos personajes divinos como Apolonio de Triana, cuya vida escribirá Filóstrato, y cuyo discípulo, el famoso falso profeta Alejandro, desatará la ira de Luciano con sus pretendidos milagros. Será el Siglo del afianzamiento del cristianismo y el auge de la superstición.

Pero, quizá como respuesta a esta actitud tan falta de sentido crítico, el Siglo II conocerá también un inusitado auge del escepcitismo, corriente en la que, con su “sé sensato y aprende a dudar”, podría encuadrarse Luciano. Y pese a todo, representó también un momento de cierto esplendor en la Literatura.

Ante este panorama, Luciano de Samósata se propuso ser el fustigador sin piedad del irracionalismo imperante. Combate todas las exageraciones de su época, cebándose no solo contra aquellos espíritus imitadores carentes de originalidad, sino contra las pasiones más fuertemente arraigadas de su época. En resumen, cabría decir que Luciano se ha propuesto ser el revelador de la necedad humana.

Por ejemplo, en sus Diálogos de los muertos pone de relieve lo finito de la vida terrena y cómo la muerte iguala a siervos y señores; lo transitorio de la belleza; que las riquezas duran lo que dura la vida humana. Coloca en escena a grandes reyes y emperadores del pasado -aún después de muertos, orgullosos de su Imperio y su poder- para ridiculizarlos haciéndoles ver que toda su gloria no es ya más que polvo y ceniza.

MENIPO.- De todos, los únicos que están alegres son esos, Eaco. ¿Y ese cadáver cubierto de ceniza que parece pan cocido lleno de ampollas, quién es?
EACO.- Empédocles, que llegó totalmente chamuscado del Etna.
MENIPO.- Querido amigo que llevas sandalias de bronce, ¿por qué motivo hiciste eso?
EMPÉDOCLES.- Lo hice en un ataque de melancolía.
MENIPO.- No, no fue esa la causa; fueron la vanidad, la soberbia y tu gran tontería. Ellas te carbonizaron con sandalias y todo, pues te lo merecías. Además, tu comedia no sirvió de nada, pues se descubrió que estabas muerto. ¿Y dónde está Sócrates, Eaco?
(…)
SÓCRATES.- ¿Me buscas a mí, Menipo?
MENIPO.- Sí, Sócrates.
SÓCRATES.- ¿Qué ocurre en Atenas?
MENIPO.- Muchos jóvenes que afirman filosofar y, por su forma de andar, parecen eminentes filósofos.
SÓCRATES.- Conozco a muchos de ésos.
MENIPO.- Y has visto también, según creo, cómo llegaron ante ti Aristipo o el mismo Platón: uno, siempre perfumado, y el otro, con aspecto de haber aprendido muy bien a adular a los tiranos de Sicilia.
SÓCRATES.- Y, ¿qué piensa Atenas de mí?
MENIPO.- Eres un hombre muy afortunado, Sócrates, en lo que a eso se refiere. Todos te recuerdan como un hombre admirable, con un conocimiento universal, a pesar de lo poco que sabías en realidad.
SÓCRATES.- Yo les decía lo mismo, pero ellos creían que bromeaba.

Entre las influencias de Luciano ha de destacarse la del cinismo, siendo muy importantes en su evolución Menipo de Gádara, un cínico de la primera mitad del S.III a.C autor de lo que se llamó Quintiliano sátira menipea, hoy perdida; y Diógenes de Sinope, el mayor representante del espíritu Cínico. En palabras de Luciano: “El único, Menipo, que llegaste al Hades de un modo digno de tu secta, y antes que tú, Diógenes; pues no entrasteis forzados ni empujados sino por vuestro gusto, riéndoos y enviando a los demás al diablo”.

Ambos aparecen representados en sus Diálogos de los muertos, con un Hades Cínico como escenario, donde reina la absoluta igualdad y ausencia de necesidades de todos los que lo habitan, esqueletos que salvo en sus penas no se diferencian unos de otros. De este modo el cínico anima a sus correligionarios a vivir austeramente, pues ese es el modelo que nos impone el Hades por toda la eternidad. Diógenes y Menipo, otrora andrajosos, son los verdaderos Reyes de la morada de Plutón por su desprecio hacia los bienes mundanos.

DIÓGENES: ¿Cómo es esto, Alejandro? ¿Has muerto también tú exactamente igual que todos nosotros?
ALEJANDRO: Ya lo ves, Diógenes. Nada de extraño tiene que haya muerto dada mi condición de hombre.
(…)
DIÓGENES: ¿Cómo no me reiré, Alejandro, viendo que deliras hasta en el infierno y que esperas llegar a ser un Anubis o un Osiris? Sin embargo, no esperes tales cosas, oh divinísimo; porque a todo aquel que ha atravesado una vez la laguna y penetrado en el interior, no le es dado regresar, pues Eaco no es remiso, ni fácil el Cerbero. Pero, ¿por qué lloras, necio?, ¿Ni siquiera te enseñó el sabio Aristóteles a considerar que no son seguros los dones de la fortuna?*

Algunos críticos de su obra han llegado a decir que Luciano solo pretendía provocar la risa (Helm) presentándolo como un frívolo, y del extremo contrario, que se ocupó siempre con mucha seriedad de los problemas de su época hasta llegar a señalarlo como una especie de premarxista (Baldwin).

Yo creo que en su afán por provocar la risa hay a veces una intención más seria. Su nihilismo cínico es también una manifestación de oposición a la cultura griega que se habría transformado en privación de la libertad primigenia del hombre. Luciano adopta una actitud inconformista, fustigando sin piedad la locura humana con su lengua como espada, atacando todo lo que le parece falso, lo que se le antoja falto de autenticidad. Sus obras están plagadas de burlas a la pedantería, la falsa humildad, la hipocresía, la ambición, el servilismo, el orgullo. Y sobre todo, combate con todas sus fuerzas lo que le huele a sobrenatural, lo místico, lo supra-racional. Ese es su empeño, esa es su ética y no tiene ninguna otra: la autocrítica de la razón es su más auténtica moralidad.

*1- Sin duda se refiere a la notable influencia que tuvo Diógenes Laercio en la obra de Luciano. Este era apodado “el perro” debido a su comportamiento e idea radical de libertad.
*2- No se conocen retratos reales de Luciano de Samósata que nos permitan tener una imagen de su aspecto.
Bibliografía utilizada:
– La Secta del Perro.Vidas de los filósofos cínicos. García Gual, Carlos.
– Diálogos. Luciano de Samósata. Introducción, traducción y notas de José Alsina. Editorial Planeta.
– Diálogos de los muertos. Diálogos de los dioses. Diálogos marinos. Diálogos de las cortesanas. Luciano de Samósata. Alianza Editorial.
– Relatos fantásticos. Luciano de Samósata. Alianza Editorial.
– Luciano de Samósata, diálogos de tendencia cínica. García Yagüe. Editora Nacional.
– Lukian und Menipp. Helm, R.

Araceli de Bergerac
Artículo publicado en el nº4 de la revista NADA

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