El tránsito a la rebeldía en la obra de Camus

La praxis rebelde solidaria surge de la desesperanza, tal como indica Unamuno en Del sentimiento trágico de la vida, pero esa angustia vital que lleva a Unamuno a creer en Dios, empuja a Camus a creer en el hombre. Camus se opone a la visión pesimista y resignada de la existencia que defiende Schopenhauer, según la cual la esencia del mundo es dolor y esa esencia no puede ser modificada. Se trata de arbitrar una salida al sin-sentido en el orden moral, dado que ésta resulta inviable en el orden teórico. Como ha señalado el profesor V.Engel, ésta es una de las características que le apartan de Sartre y que le llevan a afirmar: “No siento demasiada afinidad con la muy célebre filosofía existencialista; y, para decirlo todo,considero falsas sus conclusiones”. La actitud de Sartre ante el absurdo es muy diferente pues “La nausea y Las manos sucias, al margen de sus inmensas cualidades literarias, son sendos actos de sumisión y pruebas de complacencia con lo absurdo de la vida. Por contra,toda la obra de Camus es un caminar, una lucha contra el absurdo”.

En efecto, el absurdo, en Camus, no es una conclusión sino sólo un punto de partida, un tránsito necesario que debe ser superado y así, en 1945, al ser preguntado sobre la posibilidad de que una filosofía que insiste en lo absurdo del mundo acabe perdiéndose en la desesperación sin remedio, Camus respondía con estas palabras:

“Aceptar el absurdo de todo cuanto nos rodea es una etapa, una experiencia necesaria: pero no debe convertirse en un impasse. Ella suscita una rebelión que puede ser fecunda. Un análisis de la noción de rebelión podría ayudar a descubrir nociones capaces de devolver a la existencia un sentido relativo, aunque siempre amenazado”.

Y será precisamente el arte una vía de salida del sin-sentido. El poder de redención del arte,que aproxima entre sí las experiencias estética y religiosa, ya había sido mostrado por Schopenhauer, Hebbel y Nietzsche. En Camus el arte no posee el carácter de oropel añadido como adorno a nuestras vidas, sino que adquiere el rango de necesidad vital al hacer de la estética una forma de vida hasta el extremo de convertirse en un ingrediente esencial de la misma sin el cual no es posible una existencia humana en plenitud. El Camus de Le Mythe insistirá más en la función cognoscitiva del arte absurdo, que se reduce a hacerse cargo del sin-sentido del mundo, mientras que el de L’homme révolté-1951-lo hará en la función moral del mismo que ahora lleva el adjetivo de ‘rebelde’. Su posición inicial se irá, así, matizando y transformando hasta alcanzar una nueva expresión diez años después en su ensayo sobre la rebeldía, donde le otorga al arte una potencia regeneradora y transformadora de la sociedad y le reconoce un poder para redimir al hombre del sin-sentido, dándose una implicación de la estética en la ética. La misión del artista no se limita ya, como en Le Mythe a “trabajar y crear para nada, esculpir en arcilla, saber que su acción no tiene futuro”; por el contrario, ahora afirma que “la odiosa sociedad de los tiranos y de los esclavos en que sobrevivimos no encontrará su muerte y su transfiguración más que al nivel de la creación”.

Pero, junto a su función moral, convive una función cognoscitiva que hace del arte un instrumento esencial para la vida: la plasmación estética de lo horrible y lo absurdo es lo que lo justifica y hace amable, permitiéndonos soportar la existencia. La belleza combate el dolor: sólo en la tragedia, como mostró Nietzsche, conviven en difícil armonía la sombra de la verdad dionisíaca y la luz de la apariencia apolínea, convirtiéndose la belleza en una vidriera a través de la cual se puede mirar el fondo oscuro de la existencia sin sucumbir al hastío. Igual que el arte, la rebeldía es presentada en su ensayo sobre el absurdo como una de las consecuencias del razonamiento absurdo y como la única posición filosófica coherente en el seno del sin-sentido, definiéndola como “una confrontación perpetua del hombre con su propia oscuridad”, confrontación que, a la postre, resulta inútil y sin esperanza, pues “esta rebelión no es más que la seguridad de un destino aplastante, menos la resignación que debería acompañarla”. En este ensayo la rebelión, la libertad y la pasión van precedidas del posesivo ‘mi’, pues son consideradas experiencias vividas a nivel estrictamente personal,que se imponen a quien haya hecho la travesía por el absurdo. Sin embargo, en L’homme… la rebeldía adquiere otro nivel: se define como una característica esencial al ser humano e incluso como el movimiento mismo de la vida.La praxis en ese momento inicial en la obra de Camus, parece poseer sólo un valor testimonial, teñida como está de fatalismo e individualismo. En lo sucesivo Camus irá modificando su concepción primera, dándose una evolución en su pensamiento hacia posiciones más realistas que no renuncian, sin embargo, al planteamiento trágico inicial. No podemos calibrar hasta qué punto influyeron en este proceso de evolución las voces que, tanto desde posiciones cristianas como marxistas, le acusaban con insistencia de pesimismo, adjetivo que siempre le molestó de forma especial y del que trató de despojarse. En efecto, nadie puede luchar sin un horizonte de sentido ni una escala de valores, nadie puede obstinarse en una vida sin consuelo alguno, nadie puede escapar al desaliento si no encuentra más que sinsentido, obscuridad y soledad.

La ausencia completa de esperanza no conduce sino al nihilismo pasivo, como el propio Camus reconoce en L’homme…. El esfuerzo deja, pues de ser solitario, y la escala de valores ahora sí que existe y está presidida por el valor absoluto del ser humano como ser libre y sujeto moral, digno por ello de respeto absoluto, único ser que merece ser considerado como fin en sí mismo según el imperativo kantiano. La perspectiva ha cambiado: de su relación personal con el mundo –Le Mythe…– Camus ha pasado ahora a analizar la relación del hombre con el problema de la necesidad histórica y del asesinato institucional, permaneciendo, sin embargo, la nada como el horizonte último de la acción: persiste, así, la tensión trágica entre desesperación y esfuerzo heroico.

Ángel Medina

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