Qué Nietzsche ni qué niño muerto

puto nietzscheCuando la gente lee u oye hablar sobre el nihilismo automáticamente lo relaciona con no creer en nada, Nietzsche o la banda de los nihilistas de la película El Gran Lebowski: “nihilistas. Hay que joderse… Dirás lo que quieras sobre los principios del nacionalsocialismo, pero al menos es una doctrina”. Sobre el nihilismo como la no creencia en nada -o la creencia en la nada- se ha escrito mucho y sobre la película, bueno, “eso debe de ser agotador”. Sin embargo creo que los que tachan al nihilismo de nietzscheano sí que merecen una respuesta un poco más elaborada.

Es cierto que existe una corriente canonizadora y recuperadora de la figura de Nietzsche surgida pocos años después de la II Guerra Mundial y consolidada con Foucault, el Mayo del 68, los Nuevos Filósofos franceses y el progresista Gianni Vattimo, llamada Nietzschésime. A diferencia de ese movimiento, más cercano al fenómeno fan que al mundo académico del que proviene y en el que se mantiene -mundo que Nietzsche siempre aborreció-, los que de algún modo estudiamos o trabajamos desde aquí con/sobre/bajo el nihilismo como herramienta (no como fin, ni como ismo) no nos consideramos nietzscheanos sino que, como buenos cínicos, utilizamos lo que nos interesa de Nietzsche y desechamos sin excusas ni contemplaciones lo que no.

Esta actitud selectiva e interesadamente utilitarista molesta y enerva a los autodenominados nietzscheanos pero, sobre todo, a los que han dedicado su carrera profesional y universitaria a criticar y perseguir a aquellos que nos hemos apropiado sólo parcialmente de algunos conceptos de las obras de Nietzsche. Según estos últimos, limpiapizarras incapaces de pensar y reflexionar más allá de la cloaca universitaria -como si las élites académicas tuviesen el monopolio de la filosofía-, sería imposible asumir sólo una parte del pensamiento de Nietzsche. Su visión cerril, propia del profesorado que apenas sale de las aulas y de los círculos de las universidades, les impide comprender que Nietzsche, a diferencia de otros “pensadores” y “filósofos”, no ofrece un paquete de valores cerrado, ni argumentos autoconclusivos como las ideologías que ellos profesan, ni una metodología filosófica. Todo lo contrario: Nietzsche es ante todo un poeta cuya obra da pie, precisamente, a la rapiña y al vandalismo selecto -no así a la reescritura, como hiciera Elisabeth Förster-Nietzsche nazificando su mensaje.

Lo que a algunos y algunas de nosotras nos interesa de Nietzsche es ante todo su mayor aportación al pensamiento contemporáneo: la transvaloración de todos los valores hegemónicos y su crítica al poder y a los mecanismos autoritarios (Religión, Estado, Cultura) que aun a día de hoy pretenden subyugar nuestras vidas. Se podría decir que recuperamos de él lo que los cínicos griegos y posteriormente los absurdistas y los nihilistas rusos proclamaban y que Turguénev, en su novela En Padres e Hijos, tan acertadamente describió: “Nihilista es la persona que no se inclina ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe”.

Cuando aquí y allá citamos a Nietzsche lo hacemos exclusivamente al pie de la cita y el concepto referido, no sobre la totalidad de su obra. A diferencia de cualquier ismo, de cualquier ideología o fe, nosotros no aceptamos ni asumimos el conjunto del pensamiento de nadie porque, insisto, el nihilismo no es una filosofía, ni una ideología, ni una cosmovisión, ni una concepción vital sino que es -y así es como lo entendemos algunos- una herramienta crítica contra cualquier poder, idea, valor, tradición, cultura o autoridad hegemónica de nuestro tiempo. El martillo de Nietzsche tanto como diapasón médico ante las enfermedades del mundo que nos ha tocado vivir como taladro de percusión contra sus causantes. Es decir, nihilismo activo.

El debate intrafilosófico de los popes académicos, enquistados en los pasillos de las universidades, carece de interés y autoridad fuera del campus y por lo tanto nosotros -los que no nos autodenominamos nihilistas, sino que lo utilizamos como una herramienta- seguiremos empleando y fusilando a los autores y sus conceptos cómo y cuándo consideremos en pos de la subversión de todos los valores. La filosofía es, bajo nuestro punto de vista, un instrumento al servicio de un objetivo tanto personal como colectivo: acabar con el Poder en toda su dimensión, tanto estructural e institucional como el que se aloja tóxicamente en el interior de cada uno de nosotros, en nuestro modo de relacionarnos y en nuestros deseos y anhelos más íntimos.

Diego Volia

23 comentarios en “Qué Nietzsche ni qué niño muerto

  1. Perfecto. Y si es cierto que ocurre, por ejemplo en el tema de Nietzsche que te digan que era un misógino, un reaccionario, un antisemita, un nazi… Como si eso fuese cierto y como si al interesarte por su obra o por parte de ella hubieses aceptado no ciertas ideas (o herramientas como decís) sino toda su persona. Comparto el artículo.

    P.D.: El mundo académico está tan alejado de la vida que pareciera contrario a ella

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  2. El problema de ese ambiente académico es que están por su propia lógica atrapados en la categorización y la idea de Autor como un todo comprensible únicamente dentro de su especialidad académica. Son incapaces de pensar más allá la clasificación de los papers, de la lógica interna de la universidad que nada tiene que ver con el pensamiento, sino con la idea del archivo como garante del saber y por lo tanto, como clasificación cerrada, no entienden eso del libre pensamiento y cosas parecidas. Excelente y breve réplica. Un gusto leerles.

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    • Una religión basada en la fe de un Dios, su hijo milagroso y los apóstoles, con un código cerrado y retrógrado de valores ético-morales que deben asumirse so pena de ir a un supuesto infierno, que se basa en la obediencia a una jerarquía vertical que dice representar al poder divino creador de la vida. ¿Para qué preguntas?

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      • No conozco a un solo cristiano que siga con fe de hierro el código cerrado de valores ético morales que deben asumirse bajo la pena de ir a un SUPUESTO infierno. Es más no conozco a un solo cristiano que crea en Dios. Aunqe respeten esos códigos de cara a lo que expresan, siguen siendo humanos críticos con su propia religión (el nihilismo, como dice el artículo que nos ocupa, es bastante anterior a la palabra ‘nihilismo’).Todos somos cristianos culturalmente, ¿no?. Podemos teorizar sobre la validez del critianismo y del nihilismo, pero seguiremos siendo cristianos en cuanto a valores y códigos costumbristas. Igual que una persona armada con el nihilismo no dirá que cree en Dios, porque la costumbre, igual que la ‘doctrina’ nihilista, evoluciona. El nihilismo, como herramienta, acaba creando doctrina, seguramente igual que el cristianismo en el año 0. Hoy somos conscientes tanto del cristianismo como del nihilismo, porque el primero está durando miles de años pero no me tiembla la mano al decir que al segundo le pasará algo parecido. El nihilismo no es una religión, no es una cultura. Pero las puede crear, el pensamiento en masa es contagioso y poco crítico. Porque el martillazo también es un código, y la autoconsciencia de Nietzsche como poeta no quita que se contradiga, por mucho que se resigne a hacerlo. El nihilismo no es cerrado como el cristianismo, me dices. Tomas en cuenta el cristianismo de hace 500 años y el nihilismo de hoy. El ‘no sentido’ de la existencia es un sentido más. En mi opinión, si el nihilismo es una herramienta, hoy el cristianismo (a nivel masa) se usa como tal. ¿Para qué pregunto? Para que me respondas lo mismo que mi hermanito de 15 años no, eso está claro. Todos los cristianos pecan, todos los nihilistas creen en Dios. Es gracioso como se arrodillan ante cierta belleza nihilista pero no son capaces de contemplarla fuera de un texto académico del que, casualmente, también niegan su validez. Para mi el nihilismo funciona como herramienta artística, no filosófica. Y veo tan cerrao de mente a una persona que quiere ser nihilista y al mismo tiempo no serlo que a una que va a la iglesia a rezar con un lenguaje que no es suyo.

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  3. Las nociones de cristianismo y nihilismo ya están más o menos claras, pero ¿qué es el Poder y cuál de sus propiedades es la que hace necesaria la lucha contra él? ¿Que limita libertades? Hay millones de personas en el mundo con voluntades contradictorias. La voluntad de unos es, y será siempre, incompatible con la de otros, por lo que siempre habrá alguien en el poder, aun cuando se suprimiera el Estado, y no hay garantías de que sea una opción mejor. Yo no creo en los “mejores” líderes, creo en que alguno podría convenir más o menos, pero suprimir la forma de gobierno que hubiera, por los riesgos que conlleva, solo sería conveniente en una situación precaria. Pienso yo. Aunque estoy a favor de el nihilismo como instrumento para la crítica, no creo en la práctica que aquí se propone. No creo en sus resultados.

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    • Entiendo lo que dices pero aun a día de hoy no se pueden valorar los resultados de la inexistencia de poder porque no se ha dado tal situación, por lo tanto como bien dices es en todo caso una creencia, no una constatación. Sin embargo conocemos situaciones y relaciones donde no existe un poder, por ejemplo entre amigxs, y pueden llegar a funcionar. En un sentido más real y presente, una cooperativa como tal es una estructura económica con escasas relaciones de poder, por decirlo de algún modo. No sé, incluso aunque sea imposible vivir en un mundo sin poder, la idea de ser consciente de la existencia del mismo es importante para que este esté más controlado, que para un demócrata de esos debería ser también una buena noticia (control del poder).

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  4. El martillo de Nietzsche era para destruir pero con el fin de construir luego algo nuevo, bello, hermoso y superior. Que lo citéis continuamente (¿tan pocos autores tenéis?) para justificar vuestra actitud nihilista, que a fin de cuentas es otra forma de decadencia, resulta despreciable. Sois la muestra de lo malentendido que fue, es y será.

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  5. Completamente de acuerdo. El problema viene porque la gente entiende y malinterpreta que el nihilismo, por ese ISMO, es una especie de movimiento, corriente o ideología. El propio Vattimo tiene publicadas dos obras donde explica el origen del término, anterior al propio nacimiento de Nietzsche.

    Precisamente lo que me interesó de vuestra publicación es que realizabais un recorrido histórico que enlazaba a aquellos outsiders o como queramos llamarlos de la grecia de la Secta del Perro con los movimientos antiautoritarios o de contrapoder (palabra denostada, yo también la odio ahora) actuales, pasando por todo tipo de pensadores y grupos que a lo largo de la historia se han enfrentado a la cultura hegemónica y al poder derivado de esta, o viceversa.

    La metáfora del martillo me ha parecido precisa y contundente, necesaria. Leo en los comentarios algunas reflexiones que precisamente muestran la razón de escribir este texto (a mi parecer demasiado breve, aunque sobradamente explícito y claro). El nihilismo no es una ideología a la que abrazarse, es una escuela, una herramienta como decís, una palanca para primero destruir lo existente y posteriormente quien sabe, hablar de futuras construcciones es caer en el utopismo absurdo propio de ideologías. Ideologías que prometen el paraíso en la tierra, claramente marcados por la idea judeocristiana de mesianismo.

    La idea que subyace es que, como el resto de animales, un individuo debe ser egoista y utilziar las herramientas de las que disponga para conseguir sus objetivos. En este caso, utilizar conceptos e ideas que le permitan liberarse de ese poder que en el texto, en el último párrafo, está explicado de forma clara (y bastante foucaulniana diría yo). Y en ese tránsito de utilización, como dice, no cargar con aquello que no interesa o directamente se rechaza (como la jerarquía, el aristocratismo moral y todo eso).

    Me parece, en definitiva, una propuesta muy interesante con la que concuerdo. Gracias y perdonad la extensión de mi comentario, realmente hoy me apetecía comentarlo además de por el interés del mismo, por el debate en los comentarios que se ha generado.

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  6. Solamente añadir que la confusión, no por parte de esos profesores sino de los entusiastas, está relacionada con la necesidad de crearse una identidad existencial. Esto implica asumir las ideas y valores de X corriente y X autores de tal modo que todo tenga sentido, que el resultado sea un posicionamiento inexpugnable a las contradicciones que son, en la mayoría de los casos, vistas como debilidades o mejor aun, como abismos donde el individuo reacciona por miedo agazapándose y agarrándose en la Idea totalizadora. Esto es, crear un bunker ideológico basado en un -ismo aparentemente robusto y coherente. Las ideologías son, así, expresiones del miedo de las personas a los claro-oscuros del pensamiento.

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  9. ” La filosofía es, bajo nuestro punto de vista, un instrumento al servicio de un objetivo tanto personal como colectivo: acabar con el Poder en toda su dimensión, tanto estructural e institucional como el que se aloja tóxicamente en el interior de cada uno de nosotros, en nuestro modo de relacionarnos y en nuestros deseos y anhelos más íntimos.”

    Bravo bravo bravo, tres veces bravo.

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  11. Yo creo que estaría de puta madre que usarais parcialmente o totalmente o de la forma que os saliera de las narices a más autorxs. Si reivindicais (y me parece cojonudo!) una filosofía fuera de la academia y su apolillamiento y su dogmatismo, sus filias y sus fobias, sería cojonudo que lo hicierais transvalorando e interpretando más autores que los cuatro que son de vuestra claca. Coño, con Nietzsche, Schopenhauer, Ciorán et al. no haceis más que lo que hacen los académicos; pillais los tres o cuatro que de vuestra cuerda y les dais vueltas. Que tampoco está mal eh? Pero que no se si acabais de estar a la altura del ‘hype’ que parece reivindicar el tono que usais. Los profes de la UNED hacen mas o menos exactamente lo mismo. Si me haceis una lectura de Plotino en clave nihilista y “revistanadesca” ahí si que lo flipo y doy palmas con las orejas.

    Saludos!

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