C’est la meilleure fin, elle vaut mieux que la prison

banda bonnot“Era de madrugada cuando el guardia entró en la celda. Callemin, Soudy y Monier consumen los últimos minutos de sus vidas. Fuera, en la prisión de La Santé, reina el más absoluto silencio.

A pesar de la angustia y la ansiedad, los tres experimentaron lo que tantas crónicas y memorias arrojan: en lugar de la absoluta pérdida de control y la irrupción de la más tenaz preocupación, una tranquilidad inaudita los envolvió. La muerte (la sombra recortada de la infame guillotina que se levantaba en el patio) los espera unos metros más allá. Las palabras de Soudy, en sus últimos instantes de vida, son melancólicas y se lanzan persiguiendo su propia absolución, un sostén, algo que le ayude a aceptar lo inevitable. Está temblando, pero también es cierto que el frío es intenso: <>, dice en voz alta. Monier confiesa que su último sueño ha sido uno amoroso y cálido, una historia de amor, algo a miles de kilómetros de todo aquello, un destello inalcanzable. Se sabe humano. El sueño ha terminado; rechaza tomar un trago de alcohol para que el coraje emerja. El coraje ya está ahí. Sus últimas palabras son para una amante: <>. Luego, minutos después, cuando ya no haya tiempo para besos volados, se despide así: <<Adiós a todos señores, y.. también a la sociedad>>. Callemin, mientras es conducido junto al resto al camión que lo llevará frente a la guillotina, regala dos frases que atraviesan esa mañana y se instalan en la conciencia de todos: <>, dice, sin saber que casi ha pronunciado el título de una película que nunca se rodará, para concluir ofreciendo un instante de sarcasmo, rencor de clase en estado puro:<<¡Es gloriosa la agonía de un hombre!>>.

Son las 4:38 horas del 21 de abril de 1913. Los últimos apaches anarquistas, los bandidos trágicos, los miembros de la banda del automóvil, han muerto. Son las 4:38 horas y la Anarquía expira. Callemin, Soudy y Monier suben consecutivamente al patíbulo.

Luego, el Horror.

Pero, ¿dónde está Bonnot? Bonnot ya no está. Ha sido tiroteado y finalmente asesinado a manos de un ejército de policías.”

(Apaches. Los salvajes de París) Fred Nogent – Bonnot y los últimos apaches.

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