La opresión simbólica del género

Lo real o lo natural carece de significado por sí mismo, los sujetos interpretamos esa realidad a través de la abstracción de nuestro entorno, por lo que cada cosa significa algo en relación con otros elementos del mismo orden. En este sentido, la comprensión de nuestra realidad se da a través del aprendizaje que tenemos de la significación de nuestro entorno, es decir, interpretamos lo real (lo natural, la naturaleza, lo biológico) a través de un “orden” construido de símbolos que le dan sentido…

Lo natural en sí mismo no tiene significado, es a través de la interpretación que hacemos de eso natural un orden, generando un sistema de símbolos llamado cultura, este orden simbólico llamado cultura es abstracto, pero al verse reflejado en algo real lo materializa. Esta condición peculiar del sujeto para aprehender la realidad, es una característica única de la condición humana. Esta idea la aporta CliffordGeertz, antropólogo Norteamericano, el cual centra su atención en los estudios del imaginario o símbolos en la sociedad. Definiéndola, como “estructuras de significación socialmente establecidas”.

Cuando el lenguaje nombra, inevitablemente delimita, ordena, clasifica y valora, genera significaciones; produce por tanto una realidad cultural allí donde sólo había naturaleza. Es decir, la lengua re-produce la realidad.

(Serret Estela, “El Género y lo simbólico”, Ed. UAM, México, Pág. 32)

La cultura entonces es un orden simbólico, el cual es posible a través del lenguaje, que es una facultad que produce condición humana y este se organiza entre el sujeto y el mundo real. En este sentido todo lo que pondríamos entender como género, división social del trabajo, valores, etc. son parte del aprendizaje que hemos hecho de lo cultural. Las relaciones humanas también se establecen en este mismo “orden”. El hogar como forma de socialización primaria, es donde aprendemos la mayor parte de esta simbolización, aunque también en la escuela, el barrio y todos los ámbitos de la vida social. El sujeto ante el orden cultural, aprehende una serie de símbolos que dan sentido a la realidad que le rodea, estos símbolos son interpretables, generando juicios y jerarquías, permitido y prohibido, pero también rechazo o aceptación.

El orden puede configurar al sujeto social, pero el sujeto puede cuestionar el orden simbólico y modificarlo. El sujeto no puede vivir sin un orden simbólico, porque es la forma como interpretamos la realidad y nos da la facultad de vivir en sociedad, pero no necesariamente tenemos que vivir atados a los símbolos que existen, los cuales generan opresión y explotación. La renuncia al orden es la rebeldía que obliga a construir una forma más justa de vida, y es posible ya que ningún orden es estático o absoluto, esto lo hace modificable. Ejemplo, no es lo mismo la cultura mexicana a la cultura china…

Aun así las significaciones producidas por los sistemas simbólicos se presentan como naturales y eternas para los sujetos construidos por ellas, con lo cual todas las preguntas o dudas tienen una respuesta certera.

El sujeto aun cuando puede nombrarse, caracterizarse, definirse, ha nacido necesariamente dentro de una cultura, es decir, dentro de un orden simbólico que le da un lugar especifico y este, en consecuencia, al definirse así mismo, siempre lo hace con relación al orden simbólico establecido, en otras palabras, la conciencia del yo no puede darse sin distinguir entre el yo y el afuera, a esto se le conoce como imaginario social. El imaginario social es una expresión de la subjetividad colectiva de identificaciones y exclusiones, se refiere a la manera como las y los sujetos se piensan y se perciben así mismos con relación a su entorno y esta autopercepción es la identidad, la cual da certeza a la existencia; esta identidad es el sentido imaginario de pertenencia que construye los colectivos.

Es así que cuando hablamos de “las mujeres” o “los hombres”, aun cuando en lo particular cada sujeto sea distinto y único, estamos designando un complejo simbólico que designa, clasifica y jerarquiza una serie de características que definen lo que es hombre y lo que es mujer. En este caso, el Género se convierte en un ordenador simbólico de los sexos.

Entenderemos al sexo como las diferencias biológicas de hombres y mujeres; pene, testículos, vulva, vagina y al género como lo que la cultura interpreta de esas diferencias biologías, masculino- femenino. Un niño aprende primero que es niño, porque juega con carros, viste de azul, usa pantalones y no falda, que por el hecho de tener pene o ser corporalmente distinto. El género construye un nivel imaginario de pertenencia a un grupo con rasgos definidos y los nombra como mujeres u hombres, estableciendo una serie de patrones de comportamiento que el individuo aprehende y asume.

Sucede lo mismo con otro tipo de referentes colectivos, por ejemplo: la religión que designa católicos, judíos; la de raza, que diferencia a blancos de mestizos; la de nación, que distingue a mexicanos de franceses, etc.

Entonces, la cultura designa los roles que deben desempeñar hombres o mujeres; es así como se interpreta que una mujer debe ser hogareña, fiel, sensible, tierna, maternal y que los hombres deben ser, infieles, protectores, fuertes, proveedores, aun cuando se piensan que estas características son natas y por tanto inalterables, como lo hemos visto anteriormente, no es así, es una interpretación que hacemos de la diferencia sexual, los géneros son delimitadores simbólicos del “orden” establecido. Pero esta interpretación simbólica establece que las mujeres por nuestras “características” somos seres inferiores los cuales necesitamos protección y ser tratadas como incapaces de hacernos responsables de nuestra propia vida.

Parte de la teoría feminista señala que desde hace tiempo la asociación simbólica de las mujeres con la naturaleza y de los hombres con la cultura es una de las causas de la opresión y subordinación del género femenino. Sherry Other (1979) lo explica así: la mujer ha sido identificada con, o si se prefiere, parece ser el símbolo de algo que todas las culturas desvalorizan, algo que todas las culturas entienden que pertenece a un orden de existencia inferior a la suya. Ahora bien, sólo hay una cosa que corresponde a esta descripción, y es la “naturaleza” en su sentido más general.

Other parte de la idea de que la subordinación de las mujeres es universal, es decir que se da en todas las culturas y que es por razones biológicas ya que se le asocia con la naturaleza. Si esto es así, el hecho de que las mujeres por su condición biológica, cuerpo y funciones lógicamente estemos más apegadas a los procesos naturales de preservación de la raza humana, fomento que los roles sociales se consideren situaciones por debajo de la cultura, en comparación con la fisonomía de los hombres que los deja libres en mayor medida para atender los planes de la misma. Lo natural es algo que debe ser dominado, interpretado, controlado, en este sentido, el ver a la mujer como natural y al hombre como cultura y si la cultura es el orden simbólico, se explica el por qué las mujeres sean algo a lo que hay que controlar y dominar.

La tesis de Other pone el dedo en la llaga del problema de la desigualdad entre hombres y mujeres, pero se aboca únicamente a una interpretación general de la opresión del género. Cada sociedad en la que vivimos, es distinta una de otra, cada cultura y orden simbólico es distinto uno de otro, la forma en la que vivimos el ser mujer o ser hombre varia de sociedad en sociedad, de este modo se establecen roles y formas de participación distintas; lo que permanece siempre igual es la subvaloración de las actividades desarrolladas por las mujeres. No los roles, o formas de participación de las mujeres, sino la idea de que sean cual sean los roles o papel que desempeñen las mujeres serán subvaloradas.

Esta opresión que produce el género, se ve materializada en la idea subjetiva que hacemos cada individuo, en el momento de identificarnos con el referente simbólico que nos designa la cultura, Hombres – Mujeres y al pensarse natural lo creemos inalterable, por eso cuando vemos que una mujer no se comporta con las características que debería, según nuestra cultura o lo mismo un hombre, la discriminación el rechazo y la marginación se producen en automático, porque todo el orden simbólico está diseñado para que funcionen según su designación y no el contrario. En consecuencia, como decíamos, lo que todas las sociedades desvalorizan es lo femenino y las mujeres son desvalorizadas como consecuencia de su adscripción de género. Esto lo vemos claramente en la familia. La familia es una representación de lo social en pequeño, funciona como un mini Estado donde el hombre, padre ausente, proveedor, protector, es quien ejerce el poder y la dominación, la madre maternal, sumisa, es quien lleva la administración del hogar pero subordinada al varón y los hijos son la última parte de la escala familiar. Es evidente que las mujeres son quienes transmiten la cultura y el lenguaje a los hijos, en consecuencia podemos pensar que ellas son las responsables de su propia opresión, pero en realidad lo que ellas hacen es reproducir el estado de cosas que ellas han aprendido de manera inconsciente y sin cuestionamiento alguno, porque lo piensan natural. Cuando una mujer se da cuenda de la opresión que sufre en ese momento es como si un velo cayera de sus ojos y comienza un proceso de deconstrucción, para construir un ser liberado.

Mantener y preservar la opresión del género para el sistema social, político y económico en el que vivimos, es de suma importancia porque le da vigencia y continuidad al ser la base de todas las relaciones sociales. Para que la opresión del género no exista, es necesario reflexionar y actuar en consecuencia. El anarcofeminismo plantea que para que exista una verdadera liberación de toda opresión y explotación, de todo poder y Estado, debemos partir de la construcción de las relaciones sociales que tenemos entre hombres y mujeres, el olvidar esta parte, habla de una liberación ficticia. Las mujeres debemos participar en nuestra propia liberación y no esperar a que los hombres lo hagan por nosotras.
La opresión es clara, es algo que vivimos todo los días, en el hogar, la escuela, la calle… Como decía Emma Goldman (anarquista feminista) la emancipación es incompleta si sólo se piensa en la liberación de los tiranos externos.

Nayeli M. E.

6 comentarios en “La opresión simbólica del género

  1. La matriarca oprime no solo a sus subordinadas, también lo hace con los machos, una clase inferior en este tipo de sociedad. En el patriarcado es la misma situación (el macho se toma la revancha). Solo al hablar del ser humano, este aprende a usar la opresión para no ser oprimido. Si aprendió a usarla como mecanismo de autodefensa y control, es natural para la autopreservación, para la supervivencia, esta acción, la opresión, se transforma de recurso de autoprotección a un recurso de uso habitual en todos y cada uno de los integrantes de los grupos sociales alrededor del planeta y la ejercen unos sobre otros independientemente si se es hombre o se es mujer unos en contra de otros, todos en contra de todos. Esta situación no es un imaginario, es algo real, tiene su origen en un cauce natural de la evolución humana, Solo un fino hilo nos separa del salvajismo anterior, algo hemos avanzado la evolución intelectual nos llevará a adoptar nuevos patrones de conducta superiores y obviamente mejores en las relaciones humanas, en donde el uso de la fuerza del macho y la manipulación sexual por parte de la mujer ya no sean necesarias. Posiciones machistas y feministas son trogloditas para personas con mentalidad avanzada.

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    • No comparen por favor al machismo con el feminismo, que no son antónimos para empezar y el machismo parte de la opresión, ya que en esta sociedad todavía se tienen privilegios por ser hombre: todavía gana mas un hombre que una mujer aunque hagan el mismo trabajo; todavía hay cantidad enorme de mujeres que sufren violencia por parte de los machos nada mas por ser mujeres, violencia física, sexual, emocional, psicológica, patrimonial y eso lo podemos ver en la cantidad enorme de feminicidios donde la cuerpa de la mujer es asesinada con saña, entonces no me vengan con la mala mamada que estamos en iguales condiciones de opresión. Sabemos que el género en si mismo produce violencia y es ahí donde el feminismo entra.

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      • cuando digo antónimo me refiero a que machismo no es contrario a feminismo… lo contrario a machismo es hembrismo.

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  2. En respuesta (o complemento) al comentario de Pati Per
    Creo que la opresión puede irse degradando. si te supones una persona con mentalidad avanzada podrías comprender que tienes el poder de moldearte y decidir tu quien quieres ser, y esto es natural, humano. Y humano también es rechazar la opresión, renegarla, arrancarla de tu naturaleza para crearte como un nuevo ser en tu nueva cosmovisión de “persona con mentalidad avanzada” o como lo quieras llamar. No seguir adoptando la opresión porque se cree natural. No digo que no lo sea, lo es para aquellas personas que les favorece la opresión para sus estilos de vida pro sociedad (qué desagradable).

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  3. Me causó escozor el título, pero si, se refiere al simbolismo en que las máquinas de reproducción de “verdad” como la cultura, la sociedad, La educación, la familia, la medicina, funcionan como organismos reguladores de la normalidad y toda persona que sale de esa norma somos lxs excluidxs, escuchando s Beatriz Preciado comenta que en 1946 un médico llamado money, fue el que introdujo la noción de género, porque había un 4 por ciento de la gente que salía de la norma hombre-mujer (mujeres con clitoris prominente, o personas con dualidad de características sexuales), entonces el empezó a realizar mutilaciones genitales para “normalizar” médicamente y asignar un sexo hombre-mujer.

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