La existencia placentera del hedonismo

Nos lanzan sin permiso y aterrizados en eso llamado Existencia, a la materialidad del mundo. En ese afán diario de habitar nuestro territorio a todos nos toca la construcción de uno mismo, de nuestra subjetividad, estilo e identidad. Somos conscientes que partimos sin duda de unas bases materiales que son nuestro cuerpo y el entorno que nos rodea. Somos en el fondo íntimamente materialistas dado que la naturaleza que nos constituye lo es.

Desde Platón todo lo que encarna lo sensible es una ficción. Su pensamiento se basa en el rechazo de la materialidad del mundo primando un apriorismo que encumbra la Idea platónica y la persecución de ese mundo ideal externo a nuestra realidad, la cual se considera como una mera distracción de ese ideal a seguir. Esta historiografía idealista se refuerza con el pensamiento cristiano y su ideal ascético y posteriormente con el Idealismo alemán y, actualmente, con la moral progresista del capitalismo. Se rechaza todo lo relacionado con nuestra corporalidad como vía de conocimiento y construcción personal tratándolo de pecaminoso, inmoral, egoísta o poco productivo

El hedonismo descubre la inmanencia de este mundo frente a una prometida trascendencia en otros pretendidos mundos y que frente al odio de sí (de lo corporal) aventura la escritura del yo y su construcción y el potencial liberador del placer desde la corporalidad que nos constituye. El hedonismo pretende una perspectiva existencial con una meta utilitarista y pragmática. El imperativo categórico hedonista sería: “goza y haz gozar, sin hacer daño a nadie ni a ti mismo: ésa es la moral”.

Frente una moral basada en la “pulsión de la muerte”, la negación de la vida, el miedo y la creencia comunitarias en quimeras o trascendencias oponen el deber ético de la construcción personal del Yo: la “pulsión de la vida”, la inmanencia y el querer la felicidad en la tierra. Rechazan el dolor y el sufrimiento como vías de acceso al conocimiento y a la redención personal. Disminuyen los Dioses, los temores y las angustias y se procuran el placer, la felicidad, la utilidad compartida, la unión alegre. Dominar las pasiones y las pulsiones, los deseos y las emociones y no extirparlos brutalmente de sí. ¿Cuál es la aspiración del proyecto de Epicuro? El puro placer de existir.

No debemos renunciar a nada: cualquiera de nuestras palabras, sensaciones, acciones y pensamientos quedan recogidos en un tejido maravilloso y ancho unido por un invisible hilo que da sentido a la vida sea cual sea su desarrollo. Ninguna existencia ha sido demasiado pequeña y el más pequeño acontecer se despliega como un sentido en ese puro placer de existir que todos tenemos la fortuna de experimentar.

Alfonso Barcena

2 comentarios en “La existencia placentera del hedonismo

  1. Soy más partidario de un hedonismo destructivo que niegue cualquier sentido a las acciones humanas y no contribuya a la perpetuación de nuestra especie. Cualquier concepción autocomplaciente acerca de lo humano serviría para justificar la deriva bioterrorista emprendida por la humanidad en los últimos siglos.

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