De la generación y de la corrupción de la subjetividad

La falta progresiva de distinción entre el adentro y el afuera en el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control, tiene implicaciones importantes para la forma de la producción social de la subjetividad. Una de las tesis centrales y más comunes en los análisis institucionales de la teoría social moderna es que la subjetividad no está dada de entrada y originalmente, se forma, en cierto grado al menos, en el campo de las fuerzas sociales. Las subjetividades que interactúan sobre el plano social son ellas mismas sustancialmente creadas por la sociedad.

En ese sentido, esos análisis institucionales han vaciado de su contenido cualquier noción de subjetividad presocial; para en su lugar arraigar la producción de la subjetividad en el funcionamiento de las instituciones sociales mayores, tales como la prisión, la familia, la fábrica y la escuela. Debemos subrayar dos aspectos de ese proceso de producción. Primero, la subjetividad no está considerada como algo fijo o dado. Es un proceso constante de generación. Cuando el jefe saluda en el taller, o el director en el colegio llama a izar la bandera, se forma una subjetividad. Las prácticas materiales presentadas para el sujeto en el contexto de la institución (sea que se trate de arrodillarse para orar o de cambiar cientos de pañales) forman procesos de producción de su propia subjetividad. El sujeto es activo, engendrado de manera reflexiva por las vías de sus propios actos. Segundo, las instituciones proporcionan sobre todo un lugar discreto (el hogar, la capilla, el salón de clase, el taller) donde se monta la producción de la subjetividad. Las diversas instituciones de la sociedad moderna deberían ser vistas como un archipiélago de fábricas de subjetividad. En el transcurso de una vida, un individuo atraviesa linealmente por dentro y por fuera de esas diversas instituciones (de la escuela al cuartel y a la fabrica) y es formado por ellas. Cada institución tiene sus propias reglas y lógicas de subjetivación: “La escuela nos dice: ‘Ya no estás más en la familia’, y la armada nos dice: ‘Ya no estás más en la escuela'” De otro lado, en el interior de los muros de cada institución, el individuo está, al menos parcialmente, protegido de las fuerzas de otras instituciones —en el convento, estamos en un lugar seguro contra el aparato de la familia, y en casa, fuera del alcance de la disciplina fabril. La relación entre adentro y afuera es central para el funcionamiento de las instituciones modernas. De hecho, el lugar claramente delimitado de las instituciones se refleja en la forma regular y fija de las subjetividades producidas.

En el paso a la sociedad de control, el primer aspecto de la condición disciplinaria moderna ciertamente es todavía válido, el cual es que las subjetividades continúan siendo producidas en la fábrica social. De hecho, las instituciones sociales producen la subjetividad de una manera más intensa que nunca. Nosotros podríamos decir que el posmodernismo es lo que se obtiene cuando la teoría moderna del constructivismo social es llevada a su extremo y toda subjetividad es reconocida como artificial. El paso, entonces, no es de oposición sino de intensificación. Como lo dijimos antes, la crisis contemporánea de las instituciones significa que los espacios cerrados que definían el espacio limitado de las instituciones han dejado de existir, de tal manera que la lógica que funcionaba hasta hace muy poco en el recinto de los muros institucionales se extiende hoy en día sobre todo el terreno social. Debemos señalar, sin embargo, que esta omni-crisis de las instituciones tiene un aspecto muy diferente según el caso. Por ejemplo, en los Estado Unidos la proporción de la población implicada en la familia nuclear decrece constantemente, mientras la proporción de la población encerrada en prisiones crece regularmente. Pero podemos decir que esas dos instituciones, familia nuclear y prisión, están igualmente y por todas partes en crisis en el sentido en que el lugar de su efectividad es cada vez más indefinido. Los muros de las instituciones se derrumban, de tal suerte que afuera y adentro devienen indistinguibles.

No hay que creer que la crisis de la familia nuclear haya llevado al declinar de las fuerzas patriarcales —al contrario, los discursos y prácticas que invocan los “valores de la familia” parecen investir todo el campo social. La vieja consigna feminista “lo personal es político” ha sido revertido de tal manera que las fronteras entre lo público y lo privado han quedado fracturadas, desencadenando circuitos de control a lo lardo de la “esfera pública íntima”. La crisis de la prisión también significa que las lógicas y técnicas carcelarias están cada vez más extendidas a otros dominios de la sociedad. La producción de la subjetividad en la sociedad imperial de control tiende a no limitarse a lugares específicos. Uno sigue siempre en la familia, sigue siempre en la escuela, sigue siempre en prisión, y así sucesivamente. Así, en el colapso generalizado el funcionamiento de las instituciones es a la vez más intensivo y más extensivo. Las instituciones trabajan incluso aunque ellas se estropeen —y quizás ellas trabajan mejor mientras más se estropeen. Sus lógicas pasan entre las ondas de intensidad a través de superficies sociales que se ondulan. Sus lógicas recorren las superficies ondulantes en olas de intensidad. La indefinición del lugar de la producción corresponde a la indeterminación de la forma de las subjetividades producidas. Las instituciones sociales de control en el Imperio podrían, entonces, percibirse en un proceso fluido de generación y corrupción de la subjetividad.

El control es así una intensificación y una generalización de la disciplina, donde las fronteras de las instituciones han sido infringidas, corrompidas, de tal manera que ya no hay una distinción entre el afuera del adentro. Se debería reconocer que los aparatos ideológicos de Estado como operantes en la sociedad de control, quizás con más intensidad y flexibilidad de lo que jamás lo imaginó Althusser.

Ese paso no es exclusivo de los países económicamente más avanzados y más poderosos, sino que tiende, en diferentes grados, a generalizarse en el mundo entero. La apología de la administración colonial siempre apunta hacia su establecimiento de instituciones sociales y políticas en las colonias. Las formas no-coloniales de dominación contemporánea implican igualmente la exportación de instituciones. El proyecto de modernización política en los países subdesarrollados o subordinados tiene como finalidad establecer un conjunto estable de instituciones que sea capaz de formar la espina dorsal de una nueva sociedad civil. Los regímenes disciplinarios necesarios para poner a punto el sistema fordista mundial de producción, por ejemplo, han demandado que se constituya toda una gama de instituciones sociales y políticas.

No es difícil dar ejemplos de esta exportación de instituciones (que simplemente indica un proceso más general y más difuso) donde las instituciones primarias en Europa y los Estados Unidos adoptan y protegen instituciones todavía balbucientes: los sindicatos oficiales como la AFL animan y forman sucursales extranjeras, los economistas del Primer Mundo contribuyen a crear instituciones financieras y enseñan la responsabilidad fiscal, e incluso los parlamentos europeos y el Congreso de los Estados Unidos enseñan las formas y procedimientos de gobierno. Brevemente, mientras que en el proceso de modernización los países más poderosos exportan formas institucionales hacia los países subordinados, en el proceso actual de posmodernización lo que es exportado es la crisis general de las instituciones. La estructura institucional del Imperio es como un programa de software que llevaría en sí mismo un virus, de tal suerte que modulara y corrompiera continuamente las formas institucionales que lo rodean. Es necesario que olvidemos cualquier idea de una secuencia lineal de las formas por las cuales debería pasar cada sociedad —desde el así llamado “estadio primitivo” hasta la “civilización”—, como si las sociedades de hoy en día de América Latina o de África pudieran tomar la forma que tenía la sociedad europea hace cien años. Cada formación social contemporánea está ligada a todas las otras, como parte del diseño imperial.

Quienes hoy en día reclaman a grandes gritos una nueva constitución de la sociedad civil como medio para salir de los Estados socialistas o de los regímenes de dictadura, coincidiendo en el sueño de una modernización política que no era tan rosa cuando ella tenía todavía una cierta efectividad, son simplemente nostálgicos de un estadio anterior de la sociedad capitalista. La posmodernización imperial, en cualquier caso, hace de todo esto, irrevocablemente, una cosa del pasado. Tendencialmente, la sociedad de control está por todas partes al orden del día.

Hardt

2 comentarios en “De la generación y de la corrupción de la subjetividad

  1. Este tema lo conozco un poco.
    Podria enviaros referencias pertinentes e interesantes, el POSIBLE (que espero no probable por parte de verdaderos ACRATAS, no cretin@s de la izquierda-caviar!…) “problema” es simplemente que vayais con prejuicios al citar los nombres de l@s Autor@s que hablan con pertinencia sobre este tema …

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