La ética stirneana

max stirner stirneano

Todos los que han tenido la suerte de leer el “Único y Su Propiedad” de Max Stirner sienten un profundo deseo de difundir su doctrina, especialmente entre los trabajadores. Es con este objetivo que me he comprometido a dar, en pocas líneas, un avance de esta doctrina. No me parece que haya sido bien entendida por muchos de los que han tratado de explicarla.

Lo que escribe Eltzbacher en su libro “El anarquismo” no es muy exacto; he de que decir, además, que Stirner no se preocupó demasiado en ser claro y que utilizaba una jerga filosófica bastante particular. Se suele confundir la filosofía egoísta —o más bien nihilista— de Stirner con la filosofía individualista de Emerson, por ejemplo.

Stirner proclamó, y esta parece ser la tesis fundamental de su teoría, la doctrina de la propiedad del Yo. Fue una concepción muy audaz y valiente que algún día revolucionará la filosofía. Su esencia: “Sois vuestros propios amos, trabajando por vuestro interés. No respetéis ningún ideal, no os comportéis según tal o cual norma moral. Despreciad la costumbre, el deber, la moral, la justicia, la ley. Yo soy Dios, el rey y la ley — No tengáis por sagrado más que a vuestras ambiciones y vuestros deseos”. Con esta expresión quería decir: “Todas las cosas no son nada para mi”, “No estáis atados si rechazáis estar atados; sois vuestro propio Altísimo. No respeteis ningún deberás, sed vuestro propio Dios. No obedezcais ningún pacto”. En pocas palabras “¡No hay nada que quiera más que mi mismo!”.

Sin embargo, entre el nihilismo y el individualismo existe una diferencia bastante sutil que es necesario aclarar. La filosofía individualista dice: “¡Sed individuos fuertes! ¡Elevaos por encima de la norma! ¡Desarrollad vuestra personalidad!”. La filosofía egoísta o nihilista dice: “No tienes ninguna obligación. Si quieres ser un hombre fuerte, un hombre poderoso, un individuo realmente superior frente a la influencia de la manada, ¡se fuerte! No como un deber, sino como un privilegio”. La primera teoría dice: “Tienes que ser un superhombre.” La segunda: “Se lo que quieras ser.”

El egoísta stirneano —el hombre que no acepta ninguna moral— sigue los impulsos de su corazón. Él niega los derechos, los títulos de propiedad y no tiene ningún respeto por el estado, nisiquiera en la democracia más libre que se pueda imaginar. No admite ninguna ética por encima de sus propios deseos. Pero no hay nada en Stirner que sea contrario al sentimiento solidario, la compasión, el amor fraternal. Stirner proclama la liberación de todo aquello que encadena al individuo, es el emisario del egoísmo desenfrenado. Barre la chatarra ética del pasado, señala al último ideal de una sociedad idólatra, la moralidad, y exclama: “¡Mirad! Es una farsa”. Se vuelve hacia el Ego, hacia todos los Egos del Universo y exclama: “Cada uno de vosotros es para él el verdadero Dios, haced lo que deseéis”.

Entre la ética de Kropotkin y Stirner que no hay ninguna diferencia esencial, lo que el primero expresa en un lenguaje sencillamente científico, Stirner lo expone en términos metafísicos precisos, pero un poco confusos. Cuando Kropotkin explica que en cada individuo hay una pasión por el bien, está reforzando la tesis de Stirner. Dudábamos en proclamar que la moral es una ilusión y el deber una farsa hasta que Kropotkin nos confirmó que el sentimiento de solidaridad es inherente a la naturaleza del hombre. Teniendo claro esto, podemos desprendernos de toda moralidad sin que peligre la especie.

Según la concepción de Stirner, el bien es lo que ama y el mal lo que odia. Lo que te hace daño es malo para ti, así que aun negando absolutamente el valor de cualquier moral impuesta desde el exterior, no es imposible negar la existencia del bien y del mal.

Pero soy yo, el Ego, la medida de todas las cosas. Un tirano, un brutal asesinato cometido por el monstruo manchado de sangre que es la ley, un acto cruel; esos son los que violan mi sentimiento solidario, ese es el Mal.

Añadiremos entonces a nuestro grito de batalla otro nuevo grito.

Hasta ahora hemos aplaudido la muerte del enemigo todopoderoso, Dios. Cuando caiga la ley, cuando se destruyan los derechos de propiedad, podremos añadir “Abajo la moral”.

William Curtis Swabey

Publicado originalmente bajo el título «L’Éthique Stirnérienne» en la revista «L’En-Dehors», n° 204-205, el 15 de abril de 1931. Traducción y notas de Diego Volia a partir de una reproducción del original.
N. del T: L’En-dehors fue periódico anarquista individualista fundado por Zo d’Axa en 1891.

Digitalizado por The Anarchist Library

5 comentarios en “La ética stirneana

  1. Creo que lo que se puede concluir de Stirner es, básicamente, lo que dice Camus en El mito de Sisifo al tratar la frasecilla aquella de Dostoievski que “si Dios no existe, todo está permitido”: que es verdad pero que esto no significa una obligación hacia el mal y que ser puede hacer el “bien” por capricho (aunque también es cierto al revés, ¿no? Si Dios existe, entonces sí que esta todo permitido… todo lo que sea su palabra). Lo que se menciona al final Stirner lo aclara bien al hablar de Nerón… (del que dice que es un poseído como lo pueda ser uno que practique el bien siguiendo dogmas de fe o la creencia en la existencia absoluta o metafísica de este bien y que es su decisión no juntarse con personas un poco zumbadas y peligrosas para su vida). Por lo tanto coincido con casi todo lo que aquí se dice (añadiría que si existe esa tendencia al bien que dice Kropotkin , también existe la misma hacia “el mal” en otros sentidos… sin que eso en efecto signifique que prescindir de la moral sea el fin de la especie: una tribu puede sobrevivir perfectamente porque el interés y el deseo de los individuos sea el de cooperar sin que exista imposición por medio tanto de un de un Estado como de una doctrina moral).

    Por cierto, Camus entendió bien a Nietzsche y a Sade, por ejemplo, pero creo que no tan bien a Stirner… por lo que recuerdo que menciona sobre éste en El hombre rebelde (pero recuerdo un poco vagamente, y debería revisar).

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  2. Solo por hacer el contrapunto: “El «yo» (¡que no es idéntico a la dirección unitaria de nuestro ser!) es tan sólo una síntesis conceptual. Por tanto no existe ninguna acción por «egoísmo»”. es una cita del libro nihilismo escritos postumos de Nietzsche. Bueno el contrapunto consiste en que si bien no podemos ver el mundo fuera de nuestro propio sistema cognitivo – biológico, cuanto de este “ego” de esa “nada creadora” nos puede pertenecer en realidad y cuanto de ella no deja de ser una colección de recuerdos, de experiencia acumulada por la socialización dentro de un sistema social jerarquizado, creo que plantea la pregunta de como podemos distinguir dentro de la perspectiva de Stirner que es lo que genuinamente amamos u odiamos de aquello que nos va legando la socialización

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  3. El link no funciona pero usualmente lo que se cree que refuta o contradice a Stirner no es mas que un mal entendimiento de lo que escribio, lo mencionan aqui, era preciso pero confuso, por supuesto no es que fuera infalible pero sospecho que el articulo en cuestion tiene mas similitudes que diferencias solo habria que analizarlo bien.

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