LA CHUSMA DE ASPEN

hunter s thompson sheriff aspen

Aspen, Colorado. 1970.

Eve Homeyer, republicana de manual tipo Nixon, pero con un perfil hogareño que le acerca a Mammie Eisenhower, se jacta del apoyo del escritor Leon Uris. Sus intenciones no son tanto de atizar a vagos y yonquis como de expulsarlos mediante el aumento del turismo y la especulación inmobiliaria. Si Aspen recibía un número aún mayor de turistas de todas partes del mundo, cotizaría al alza en el mercado inmobiliario y sus calles se limpiarían de escoria.

Robert “Buggsy” Barnard viola las normas de “intimidación al votante” por la radio ante la indiferencia del fiscal del distrito y envía esbirros para poner en práctica la cara B de su estrategia de campaña: el control electoral. También ha escogido a un abogado mediocre y manipulable para la candidatura. A continuación, acude confiado a supervisar el desarrollo de la jornada. No es de extrañar que en Aspen, un pueblo de unos dos mil habitantes, esta rutina se produzca en cada cuatro años sin alteraciones reseñables. Pero es 1970 y Hunter S. Thompson está en la ciudad.

Thompson, mejor conocido por sus facetas de periodista “gonzo” y escritor, ha entendido la situación del pueblo: el potencial de la población marginal, desestimada y apolítica es en realidad una veta que cualquier candidato puede explotar. Así que funda el Poder Freak, cuyo líder es un joven de veintinueve años llamado Joe Edwards.

Barnard avanza en su Porsche hacia el pabellón electoral entre furgonetas VW llenas de electores cargados de anfetas y moteros ansiosos. Thompson se las ha arreglado para reunirles sin provocar el contraataque de la burguesía local. Barnard está aterrado. Barnard está sorprendido. Barnard está contra las cuerdas porque el artista Tom Benton graba sus pasos para evitar fraudes.

El equipo de Edwards se traslada al primer piso del Club de los Alces para ver por televisión los resultados. Hay mescalina, coca, anfetas y el ron se filtra a la planta baja, donde la derecha (polis, bomberos, doctores, cazadores) de Aspen se ha aglutinado con el mismo fin. Las encuestas del Poder Freak favorecen a Barnard a pesar de la inclinación de los nuevos votantes hacia el partido de la “chusma de Aspen”. Se realizan llamadas a los haraganes que todavía no se han pronunciado. La victoria es un puerto cada vez más cercano en el horizonte. Sin embargo, en medio de todo ese furor, el abogado de Barnard resulta elegido alcalde de Aspen por un solo voto.

Thompson vuelve de pronto a la realidad. Al cabo de una campaña demencial, del sueño freak solo queda su candidatura a Sheriff del condado de Pitkin, Colorado. El programa comprende el cambio del nombre de Aspen por Fat City (adiós a los terroristas del turismo), extensos espacios verdes en lugar de la autopista que el alcalde pretendía construir, circulación pública peatonal, policías encargados de cuidar una flota de bicicletas comunitarias, libre consumo de drogas sujeto a una fuerte penalización del narcotráfico y caza y pesca prohibidas para los no residentes, quienes solo pueden obtener el permiso de ciudadanos empadronado…

Pierde otra vez, pero su hazaña queda reflejada en la historia de la política estadounidense. Y no como un par de tentativas pueriles, sino como una estrategia de campaña innovadora con uno de los programas más astutos que se conocen.

Miguel Ángel Parejo

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