¿Qué es vivir?

Belleza, de Rino Stefano Tagliafierro

Aspiración de todo organismo en buena salud; razón de ser de todo cuanto existe sobre la Tierra o llena el universo, pues todo -seres y cosas- tiende a crecer, desenvolverse y transformarse en múltiples combinaciones.

¡Vivir! Significa para el inconsciente o para el imperfectamente consciente, adquirir consciencia de que existe, se mueve y ejerce actos de voluntad.

¡Vivir! Razón de todo cuanto siente, respira, se nutre, se reproduce, discurre, forma asociaciones de ideas, traza una regla de conducta, adopta una actitud, manifiesta una actividad.

¡Vivir! Finalidad humana -principio y fin- objeto y aspiración del individuo, explicación de nuestra presencia sobre el planeta.

No hay nada que pueda sustraerse a las manifestaciones de la vida, sea cualquiera la forma en que se nos represente.

El bien, el mal, lo útil, lo nocivo, lo grande, lo mezquino, el amor, el arte, el placer y el dolor, todo está íntimamente ligado a la vida, pudiendo decirse que constituye la vida misma.

La Tierra y el cosmos rinden testimonio a la vida universal siguiendo sus leyes eternas de movimiento y transformación, de energía y de resistencia. Las nebulosas que se resuelven y los soles que se eternizan; los niños que ven la luz primera y los viejos que exhalan el último suspiro; las flores que se marchitan y los árboles cuyas ramas ceden bajo el peso del fruto que soportan; la inmensidad del océano, el elevado pico cubierto de nieve, la dorada llanura, el espeso bosque, la ciudad bulliciosa, son otros tantos aspectos de la vida.

Vivir, ¿Y para qué?

Pregunta que ha dado lugar a innumerables respuestas, pero que nunca ha sido resuelta de un modo absoluto y eficaz.

Unos dicen que es preciso vivir para dios, para la ley, para el bien y para la justicia; es decir, para una abstracción indefinible, que varia según las épocas o el grado de cultura de las colectividades o los individuos; una abstracción invisible, impalpable; fantasma creado por la imaginación del hombre y en cuya persecución la humanidad se agota en vanos esfuerzos.

Otros han afirmado que era preciso vivir para la humanidad, el medio humano, el conjunto social y así los hombres han llegado a hacer abstracción de todo cuanto tendía en ellos a desarrollarse separada y aisladamente, depositando cuanto eran y cuanto tenían en el altar del contrato social. La coacción universal acabó con el último vestigio de la iniciativa personal, convirtiendo a los hombres en súbditos, ciudadanos y miembros de las sociedades, sin que en tal situación nadie se considere más dichoso.

Muy pocos son los que han proclamado que es preciso vivir por vivir para llenar sus funciones de bípedo dotado de inteligencia y de sentimiento, capaz de analizar las emociones y de catalogar las sensaciones.

Vivir por vivir sin más; vivir para trasladarse de una parte a otra; para apreciar las experiencias intelectuales y morales; para gozar; para satisfacer las necesidades del cerebro o la voz de los sentidos. Vivir para adquirir sabiduría, para luchar y formarse una individualidad franca; para amar; para coger las flores de los campos y los frutos de los árboles. Vivir para producir y consumir; para sembrar y recoger para cantar al unísono con los pájaros y para disfrutar del sol tendidos sobre la arena de la playa.

Vivir por vivir, para gozar intensamente de cuanto nos ofrece la vida, apurando hasta la última gota de la copa de delirios y sorpresas que la vida guarda a quienes han adquirido conciencia de que existen. ¿Es que esto no vale por todo el fárrago de metafísicas religiosas o laicas?

Vivir por vivir. He aquí lo que quieren los anarquistas; pero vivir en libertad, sin que una moral extraña a ellos o impuesta por la tradición o la mayoría establezca una división entre lo lícito y lo prohibido.

Vivir, no acomodándose a convencionalismos o prejuicios; sino siguiendo los impulsos de su naturaleza individual, sin dejarse arrastrar más allá del punto en que el uso de la vida degenera en abuso, y uno de por sí, no siendo capaz de apreciar la vida, se convierte en esclavo de sus inclinaciones.

Vivir por vivir. No para pensar continuamente si se está o no de acuerdo con éste o el otro criterio general sobre la virtud y el vivir, sino para disponerse a no hacer ni cumplir nada que vaya en menoscabo de nuestra dignidad individual.

Vivir por vivir sin tratar de aplastar a otros ni pisotear las aspiraciones o los sentimientos de alguien; sin dominar ni explotar, sino siendo libres y resistiendo con todas nuestras fuerzas, tanto a la tiranía de uno solo como a la absorción de las multitudes.

Vivir, no para la propaganda, para la causa o para la ciudad que se aspira a formar -pues todas estas cosas están dentro de la vida- sino para vivir en libertad cada uno su vida, guardándose de entrometerse en la vida de sus camaradas de ideas y pidiendo solamente que se deje el camino libre a quien no comparta nuestro modo de pensar, pero rebelándonos si es preciso contra quien se oponga a nuestro paso.

Ni jefes ni servidores, ni amos ni siervos; he aquí lo que quieren los anarquistas; lo que ellos entienden vivir por vivir y lo que conviene recordar continuamente. Y aunque sólo se consiga en cierta medida, esta tendencia o aspiración no deja de constituir su razón de existir, de manifestarse y de formar una especie.

Émile Armand

Extracto de “El anarquismo individualista. Lo que es, vale y puede”

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