Los métodos del nihilismo ruso

nihilismo en rusia

El nihilismo como sociedad secreta contra el Estado dinamitó primero las bases de la sociedad en la Rusia zarista. Durante la primera década tras la emancipación de los siervos, 1860-1870, el nihilismo fue tanto una lucha por la liberación de la mente como por la liberación de las clases trabajadoras de los residuos de la servidumbre. Según Stepniak en su libro del tiempo pasado en la Rusia clandestina, “el principio fundamental del nihilismo fue el individualismo absoluto. Era la negación, en nombre de la libertad individual, de todas las obligaciones impuestas sobre el individuo por la sociedad, por la vida familiar y por la religión”. Siguiendo esta línea, las fuerzas del nihilismo fueron el ateísmo, la razón y la emancipación de género -mujeres peligrosas, armadas hasta los dientes, asaltando las puertas del cielo.

A medida que se extendían las sociedades del nihilismo, se creó un movimiento social de negación alrededor del llamado a la destrucción de las creencias positivistas y las instituciones reaccionarias. Pero, este breve periodo de acercamiento fracasó ante la represión de la policía y porque “no tuvimos éxito porque fuimos simples habladores, incapaces de trabajo de verdad”. Recomponiéndose de nuevo en las sombras de las sociedades secretas, el nihilismo se retiró como una demanda popular y “el ‘¡Actuemos!’ se volvió tan general como el ‘entre la gente’ lo había sido aquellos pocos años.”

Los años entre el ‘76 y el ‘78 fueron períodos de manifestaciones, descritas como: “más o menos enérgicas”. Los funerales volvieron a ser zonas de guerra. Pero fue imposible vencer en tales batallas callejeras, por la desproporción entre las fuerzas materiales del Estado y las de los revolucionarios.

Para los nihilistas revolucionarios “se hizo evidente que por este camino no habría más avance que el del sacrifico voluntario”. Se abandonaron las manifestaciones de todo y, desde el ‘78, desaparecieron completamente. El método del nihilismo cambió de la revolución con sus “lágrimas de rabia y dolor” por los compañeros encarcelados y asesinados al terror “de la sangre, el odio y la venganza”.

Los primeros objetivos del terrorismo fueron los enemigos inmediatos –los espías y soplones. Estos primeros “actos sanguinarios” provocaron un aumento de los ataques para, como dudosamente se señaló en el primer comunicado terrorista –en su reivindicación del asesinato del jefe de policía: “si el tiempo se consumiera en asesinar a un vil espía, ¿por qué permitir vivir con impunidad a la gendarmería que nos lo mandó o al fiscal que, con la información de los materiales obtenidos del espía, ordena el arresto o al jefe de policía, que lo dirige todo?” con este “coraje de ser lógico” la campaña intensificada avanzó “de un solo salto, lo que, de otro modo, habría requerido varios años”.

El 24 de enero de 1878 el “memorable” disparo fue realizado por el revólver de Vera Zasulich contra el general Trepoff, que había ordenado el azote de un nihilista preso. El placer general sentido por la aprobación masiva de esta acción directa, alentó un tsunami de terrorismo que aumentó para diezmar a la autocracia.

Este periodo lo esboza Stepniak como un duelo entre el emperador y los nihilistas:

Los adversarios tres veces se vieron cara a cara. Tres veces, por voluntad del destino, los terroristas fueron derrotados pero, después de cada derrota se alzaba más amenazador y potente que antes de empezar la lucha. A la tentativa de Soiovief, sucedió la de Hartman, seguida de la espantosa explosión del Palacio de Invierno, que parecía sobrepujar todo lo que la imaginación tiene de más diabólico. Pero fue mayor la del 13 de marzo. Nuevamente los adversarios vinieron a las manos, y esta vez el omnipotente emperador cayó sin vida. El terrorista hubo vencido.

Por supuesto, no hubo tal victoria y las sociedades del nihilismo continuaron la danza dialéctica de asesinar y ser asesinados, descendiendo hacia cultos a la muerte como la célula que se llamó, muy acertadamente, “Infierno”. El hermano mayor de Lenin, un nihilista autoerigido, fue asesinado por un verdugo zarista. Años después, con el colapso de la Rusia zarista, los nihilistas restantes fueron purgados de los soviets industriales por los partidos comunistas y Lenin nunca volvió a hablar de su hermano ni de su llamado salvaje por la abolición del Estado.

Pero, como fuerza destitutiva, el nihilismo sigue siendo un método de destrucción y la historia vuelve a despertarse para abrir paso a nuevas configuraciones de sociedades secretas organizadas informalmente, basadas en los medios puros de un nihilismo consciente, explotando la alternativa falsa entre fines y medios. Una vida salvaje que destruya la realidad en una experiencia conspiratoria y antipolítica de pensamiento y acción de medialidad pura y sin fin.

Extracto de “Sociedades secretas contra el Estado”
Imagen: “Russian government destroying a Nihilist printing-office” del libro de James Hunter, Young People’s History of the World(Philadelphia: The International Publishing Company, 1897)

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