Creatio Ex Nihilo – Octava edición

Nuestras revoluciones son puramente verbales y cambiamos las palabras para darnos la ilusión de estar reformando las cosas, tenemos miedo de todo y de nosotros mismos, encontramos la manera de eliminar la audacia yendo más allá de la audacia y tener ocupada la locura exagerando la locura.

ALBERTO CARACO | UN PROVOCADOR INCENDIARIO

«Siento un profundo desprecio por el Hombre moderno, por el ciudadano. Siento que es innegable su exterminio cual holocausto; el tiempo me da la razón y las circunstancias me reafirman. El ser humano ha de ser esterilizado en masa, como son administradas las vacunas. Es fundamental despreciar la moral de la familia, sus dioses e ideales. Vivo en tiempos vomitivos, el hedor que me rodea es nauseabundo y los conciudadanos lo son aún más. Bueno, en realidad, la conclusión es sencilla. La vida no merece ser vivida, la vida no tiene ningún tipo de precio, cuantía o valor cuando la viven seres inocuos que ante todo se arrodillan. No siento respeto por la vida que se me ha impuesto, repleta de problemas o en su defecto, alegrías problemáticas. Me gustaría saborear la libertad del abortado. El que destruye el concepto de la cuantía de la vida, el que no entiende de ideología o razón. El abortado es salvaje y provocador. Me río así del buen entender del cura, del político, del padre y la madre, de la democracia de libre mercado, del feminismo moderno, de la sociedad y de los ciudadanos que la habitan. Como abortado me elevo por encima de todo lo bueno y lo malo, de las ideologías emancipadoras, de la razón humanística, sólo comprendo y comparto la pasión de mi Ego».

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2 comentarios en “Creatio Ex Nihilo – Octava edición

  1. Resulta edémico cagarse a lo Willy Toledo en todo. Sin duda, una vida con un tracto intelectual relajado acaba siendo egoica o despreciable. Pero ese evacuarse lastimosamente, ese contribuir a llenar el cagadero de lo mundano, no es más que un comparar excrementos, un catarlos y un masticarlos para asegurarnos que nuestra pieza es la más aquilatada. En este banquete nihilista nadie se piensa ni nos piensa, sólo hay mundanos y provocadores, una metafísica del hedor: un Dios muerto que no acaba de pudrirse.

    Martin Heidegger, en una entrevista concedida en 1966 al semanario alemán «Der Spiegel», se reconoció incapaz de dar respuestas a la manera de un nuevo pensar: para nosotros, hombres de hoy, la grandeza de lo por pensar es demasiado grande. Podemos quizás esforzarnos por construir delgados y no tan extensos senderos hacia una transición.

    El nihilista que se atreve con esos senderos traza un por-venir desconocido. Es un nihilista atizado por su tiempo y, no obstante, ya en su periferia. Pero el nihilista que engorda su ego en un destruir aparente es tan despreciable y mundano como el que se apabulla y consuela con la aparente fijeza de lo que es y debe ser. Y no, no está más allá del bien y del mal.

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    • habría que empezar por entender que el bien y el mal,la moral,la etica y muchas otras “cositas” son marcos regulatorios inventados por unos pocos para manejar a placer a otros muchos,todo se ve segun desde donde se mire,no se ve lo mismo desde la cima de una montaña que desde dentro de un pozo

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