La toma de ADN y la base de datos genéticos

El ácido desoxirribonucleico (ADN) es un componente químico del núcleo celular que contiene la información genética que se trasmite de forma hereditaria en los organismos vivos. Este ácido se encuentra en todas las células de animales —humanos y no humano—, plantas y otros organismos, exepto en los glóbulos rojos. El ADN se utiliza en diversas técnicas (biogenética, nanotecnología, bioinformática, etc.), pero la que nos interesa en este texto es la llamada «forense», utilizada en contextos policiales, judiciales y penales. En dichos casos se utiliza el ADN que se extrae del pelo, la saliva o la sangre, y como resultado se obtiene lo que se denomina huella genética o «perfil de ADN». Son las variaciones de secuencia de esta huella o perfil lo que permiten diferenciar a las personas.

Bases de datos de perfiles de ADN

Desde 1988 aproximadamente se empezaron a utilizar los exámenes de identificación por ADN en el ámbito policial y con estos las primeras bases de datos. Inicialmente el FBI, que desde finales de los 80 viene trabajando sobre esta materia, y luego la INTERPOL, que lo empezó a hacer algunos años más tarde.

Fue a partir de 1999 que la utilización de los perfiles de ADN se ha ido incrementado, aunque progresivamente, de forma masiva en casi todos los países del mundo[1]. En un principio muchos países limitaron la introducción de perfiles de ADN en sus bases de datos nacionales en función de las muestras halladas en el «lugar del delito», es decir, las muestras que se tomaban de restos biológicos, aunque también se aplicaron criterios relativos sobre la introducción de perfiles individuales como, por ejemplo, de personas que ya se encontraban en prisión. Pero algunas presiones, muchas de ellas por parte de organizaciones y partidos explícitamente racistas y xenófobos o por campañas chantajistas con una finalidad represiva —que claramente evidenciaban los deseos profundos del Poder—, han apoyado ciertas modificaciones.

«Muchos países han ampliado los criterios con miras a incluir más tipos de delitos y perfiles personales, criterios que en algunos países pueden abarcar cualquier falta que cree antecedentes policiales. Igualmente, en muchos países los criterios para introducir el perfil de una persona no se limitan a los delincuentes inculpados, sino que también pueden incluir a los sospechosos.»[2].

La complejidad de los métodos actuales de identificación pueden, al parecer, definir la «ascendencia biogeográfica», o sea, el origen del «autor de un delito». Teniendo en cuenta lo que hablamos con respecto al racismo impulsante de ciertas campañas y la marginación de ciertos sectores sociales, podemos imaginar a donde lleva esto. No olvidemos que existe una nueva camada de criminólogos que mezclan los métodos lombrosianos con dudosas teorías eugenísticas, más que nada en Estados Unidos, y que se dedican a crear ciencia en base a la sección policial de los periódicos más amarillistas. Se pueden agregar como ejemplos europeos la propuesta que impulsó en 2005 la Lega Nord, partido fascista del norte de Italia, de fichar el ADN de todos los sospechosos de terrorismo (o lo que es lo mismo para ellos: todos los musulmanes y revolucionarios) o la intención del director de ciencias forenses de Scotland Yard, Inglaterra, que quiere que se incluya en el banco de datos de ADN el de los alumnos de primaria «cuyo comportamiento indique que podrían delinquir en el futuro». Con sus propias palabras, este señor afirma que «si tenemos la forma de identificar a los jóvenes antes de que cometan algún delito, los beneficios a largo plazo para la sociedad son muy grandes […] Se puede incluso afirmar que a cuantos más jóvenes se identifique, tanto mejor. Tenemos que averiguar quiénes van a representar [en el futuro] la mayor amenaza para la sociedad».

De momento, Reino Unido posee la base de datos más grande de Europa. Es interesante aquí también recoger la evolución de las leyes e iniciativas policiales de la huella genética en los contextos europeos más avanzados, Reino Unido y Francia, para entender los cambios técnicos y legislativos, por un lado, pero también el chantaje mediático emocional y el resultante consenso social generalizado por otro.

Racismo unido

La base de datos nacional de ADN conjunta del Reino Unido (Inglaterra, Irlanda del Norte, Gales y Escocia) se creó oficialmente en 1995. Dicha base crece con una media de 30.000 muestras cada mes y es la más grande e importante del mundo, la cual contiene aproximadamente las huellas genéticas de un 5,2% de la población, frente al 0,5% de Estados Unidos. Aunque inicialmente sólo se tomaban muestras de personas encarceladas o en espera de juicio, con la Ley de Justicia Criminal y Policial de 2001 se modificó la situación para así permitir que el ADN de las personas acusadas de un delito se almacenen, incluso en el caso de que estos fueran posteriormente absueltos. La Ley de Justicia Criminal de 2003 añadió además la posibilidad de que el ADN se pueda tomar en cualquier detención, más allá de los cargos imputados.

Desde abril de 2004, cuando esta ley entró en vigor, a toda persona detenida en Inglaterra y Gales por una presunta implicación en un delito (exceptuando los delitos más leves) se le debía tomar una muestra de ADN para su posterior almacenamiento en la base de datos, estén o no posteriormente acusados o condenados. No hace falta entrar en profundidad para ver el racismo latente en el criterio para la toma de muestras. Los datos y las estadísticas, de los cuales no hace falta decir que poco importan en el día a día pero nos dejan ver un poco los criterios, indican que casi el 70% de los adultos varones de origen africano y afro-caribeño tienen un perfil de ADN en la base de datos en comparación con el 13% de los varones asiáticos y el 9% de los varones de origen europeo. Se calcula que 135.000 hombres negros de entre 15 y 34 años se han añadido a la base de datos de ADN sólo en abril de 2007. Estas cifras fueron confirmadas por los propios representantes del Gobierno británico que aseguran, quizás para demostrar su eficacia racista, que «los perfiles de más de tres cuartas partes de los jóvenes negros entre las edades de 18 y 35 están fichados». Lo mismo con los niños y jóvenes negros con edades entre 10 y 17 años de Inglaterra y Gales, cuyos perfiles registrados son casi 45.000.

Según las cifras publicadas a finales de 2009, en aquel momento la cantidad de perfiles era de 4,8 millones. Para ver un poco la progresión, la cifra unos años antes [2006] era de 3,1 millones.

El ejemplo francés

La política policial genética del Estado francés es, luego de la británica, la más avanzada de Europa.

Desde marzo de 2003 la policía francesa comenzó a fichar el ADN de todos los sospechosos y condenados por casi todas las actividades ilegales. Hacer pintadas, romper un cristal, destrozar cultivos transgénicos o ultrajar la bandera francesa, entre otras cosas, son motivos suficientes para que la policía busque forzar a alguien, de forma física o por medio de persuasiones y amenazas, al fichaje de ADN. «En un silencio casi absoluto —decía en la introducción de un texto sobre la cuestión— el Estado francés instaura el fichaje genético de todas las personas consideradas “desviadas”». La lista es muy variada, como ya hemos dicho: manifestantes contra la CPE[3], ecologistas radicales, jóvenes de los barrios pobres, sindicalistas. «Dado el contexto político actual, todas las personas que acaban en manos de la policía, sea por motivos políticos, económicos o sociales, tarde o temprano serán fichados genéticamente»[4].

Aprovechando una situación emocional fuerte a raíz de un caso de asesinatos y violaciones en serie, en el que es detenido en marzo de 1998 un hombre llamado Guy Georges a partir de su ADN, el Estado francés ordenó la extracción de ADN de todos los hombres y mujeres implicados en crímenes y delitos sexuales con menores de 15 años para ser introducidos en el FNAEG (siglas francesas para el Fichero nacional automatizado de las huellas genéticas) y guardados durante 40 años.

Pero como todos los planes de control no pueden descansar, aprovechando la paranoia generalizada a raíz del 11S, se incluyó la toma de ADN como uno de los temas centrales de las posteriores elecciones presidenciales de 2002. A partir de ese momento las preocupaciones son los crímenes contra las personas y los atentados contra la propiedad acompañados con violencia (incendio, sabotaje, destrucción, etc.). Se aprobó una ley que dice que quienes se rehúsen a la prueba se arriesgan a 6 meses de prisión y a 7.500 euros de multa.

Un poco después, el 18 de marzo de 2003, y bajo el impulso del en aquel entonces Ministro del Interior y actual presidente Nicolás Sarkozy, una modificación legal determina que 137 infracciones, o sea casi la totalidad de los delitos de atentados a los bienes y las personas (robo, hurto, destrucción de campos transgénicos, insulto, degradación, atentado contra la autoridad, etc.), sean agregados en la lista de motivos para la toma de ADN obligatoria. Obviamente se excluyen los delitos financieros (corrupción, malversación de fondos, bancarrota, etc.). Además, la pena por el rechazo aumenta a 1 año y la multa a 15.000 euros (2 años y 30.000 euros si la persona ya está condenada por algo). Un año después, el gobierno de Jean-Pierre Raffrain obliga a que se le efectúe la extracción de ADN a todas las personas condenadas a más de 10 años. A partir de esa nueva modificación, quienes se nieguen perderán todos los derechos a las reducciones de penas.

Y uno de los logros recientes es el de finales de 2007 sobre la obligatoriedad, aprobada por el parlamento francés, de las pruebas de ADN para la reagrupación familiar. Con la escusa de los «fraudes», más que nada de quienes provienen del África subsahariana, el Estado busca fichar también a aquellos que quieren estar con los suyos y que se encuentran en territorio francés. Una forma más de agrandar esa base de datos con la lógica racista.

Las cifras más recientes que hemos encontrado [2009] sobre la base de datos de ADN francesa, estiman más de 1.200.000 fichas. En comparación con las cifras de 2003, que era de sólo 2.807 perfiles, los números actuales hablan por sí solos.

El 15 de enero de 2007 los 27 países miembros de la Unión Europea han dado su consenso inicial para agregar en la constitución europea el libre acceso para cada uno de los Estados a las bases de datos de los demás países. Un paso inicial para la creación de una base de datos conjunta.

La Ley española sobre la toma y almacenamiento de ADN

Con una breve nota en un periódico[5] se «hizo pública» la noticia de la creación de una base de datos de ADN en el Estado español. Pese a no saberse mucho sobre esta cuestión, a partir de una Ley Orgánica del 2007, la toma de ADN es una realidad dentro del marco jurídico y policial.

Pero esta base no nació de la noche a la mañana. Unos años antes se había creado una base de datos de ADN financiada por empresas españolas (BBVA, Caja Madrid, Endesa, Tabacalera/Altadis y Telefónica, entre otras) llamada Programa Fénix. Luego la Policía Nacional creó la suya, llamada Base Humanitas. Pero esas bases no eran accesibles a todas las investigaciones. Desde la reforma legal de 2003 y con la nueva redacción de los artículos 326 y 363 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal se buscó «regular la posibilidad de obtener el ADN a partir de muestras biológicas provenientes de pruebas halladas en el lugar del delito o extraídas de sospechosos, de manera que dichos perfiles de ADN puedan ser incorporados a una base de datos para su empleo en esa concreta investigación»[6].

Esta reforma se refería, más que nada, a la obtención de dichas muestras de manera circunstancial y no a la posibilidad de crear una base de datos estatal, la cual pudiese ser utilizada sin el consentimiento expreso del titular de los datos. «Estas carencias —continúa la ley—, unidas a otros factores de naturaleza diversa, ponen de manifiesto la insuficiencia de la regulación vigente para satisfacer tanto las posibilidades técnicas y las demandas ciudadanas, como los compromisos internacionales progresivamente adquiridos por nuestro país en materia de intercambio de perfiles de ADN para las investigaciones de determinados delitos»[7].

Hacía falta un paso más. Esta Ley (LO 10/2007) es entonces un avance más en el control total al que se dirigen todos los Estados de la Unión Europea. Por lo tanto se decidió la creación de una «base de datos policial de identificadores obtenidos a partir del ADN, que integrará los ficheros de esta naturaleza de titularidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tanto para la investigación y averiguación de delitos, como para los procedimientos de identificación de restos cadavéricos o de averiguación de personas desaparecidas»[8].

A partir de enero de 2008 y amparado en el Convenio de Prüm (Alemania) —firmado el 27 de mayo de 2005— además de ser accesibles a nivel estatal, estos archivos lo son también a nivel europeo. Según el gobierno «esta base de datos policial de identificadores obtenidos a partir del ADN ha sido otro de los factores que ha contribuido a la eficacia policial»[9].

Como siempre, los encargados de hacer una propaganda benéfica de la toma de ADN han sido los medios de comunicación. Así, engrandeciendo los «triunfos» de dichos pasos ocultan una cuestión evidente para cualquiera que ame y luche por la libertad: cada modificación legislativa, cada innovación en la ciencia securitaria, cada cambio de paradigma es un paso irreversible más hacia el control, y ante todo, la toma de ADN busca amedrentar aún más a las personas.

«El ADN desvela información íntima sobre la persona, y por eso es fuente de preocupación social. Se trata de una información de carácter más íntimo que la que se revela mediante otros métodos forenses y científicos utilizados en la investigación, como las huellas dactilares, las huellas de pisadas, las fotografías, la escritura, etc. El ADN no sólo ofrece detalles íntimos sobre una persona, sino también sobre sus familiares»[10].

Control totalizador

La toma de ADN y su posterior fichaje y almacenamiento en una base de datos ya están completamente instaurados en los procedimientos policíacos y judiciales. De momento en el Estado español la toma de ADN no es sistemática como en Francia y Reino Unido, pero sabemos que muchos compañeros, y también otras personas que no conocemos directamente, fueron obligados o forzados a dichas tomas mediante la introducción de un palillo de algodón —de esos que se utilizan para limpiar los oídos— en la boca.

El fichaje de ADN, y otros métodos como la biometría, los chips RFID, los DNI electrónicos, son proyectos de control que buscan policializar cada aspecto de nuestras vidas, desde nuestros cuerpos y movimientos, hasta nuestros genes y pensamientos.

Las intenciones más evidentes son, por un lado, fichar a todas las personas que puedan alterar de una manera u otra el curso actual de las cosas, la dirección a la cual se dirige el Sistema, con su pacificación y control milimétrico de cualquier disidencia, y por el otro, paralizarnos por medio del miedo, haciéndonos creer que ya no podemos hacer nada porque estamos en la mira.

En una época en la que la economía está demostrando su cara más feroz, en la que cada vez más excluidos pueden darse cuenta de que «no hay vida posible dentro de las condiciones actuales», estos métodos buscan (junto a sus cámaras, policías y macrocárceles) reprimir toda forma de rebeldía y, ante todo, extender un miedo paralizante.

Fanzine en pdf.

Notas:

[1] Según un mapa publicado por la INTERPOL, sólo unos pocos países (la mayoría africanos, pero también Irak o Bolivia) no llevan a cabo hasta ahora el análisis de ADN. De los países que sí los hacen, la mitad posee una base de datos nacional.

[2] Manual de INTERPOL sobre el intercambio y la utilización de datos relativos al ADN.
Recomendaciones del grupo de expertos en ADN de Interpol . Segunda edición 2009.

[3] Ley de contrato de primer empleo, que permitía contratos basura para menores de 26 años en empresas de más de 20 empleados, que garantizaba la precariedad laboral y los despidos abusivos. Aprobada en enero de 2006, fue retirada en abril del mismo año por las fuertes movilizaciones en su contra.

[4] Refuser le fichage ADN. Editions Sakommence 2007.

[5] El País, 31 de octubre de 2007.

[6] LO 10/2007

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] http://www.interior.gob.es/DGRIS/Notas_Prensa/Policia/2011/np060702.html

[10] Manual de INTERPOL sobre el intercambio y la utilización de datos relativos al ADN. Cit.

Un comentario en “La toma de ADN y la base de datos genéticos

  1. Un caso un tanto rocambolesco. Resumo brevemente.

    Un policía violador esquivó la justicia en su momento. Pero claro, dejó su ADN al cometer el delito.

    Un primo suyo se hizo un test comercial de MyHeritage (nada más que porque le apetecía, supongo).

    Y cosas de la rutina policial: cruzaron los datos con la base de los delitos sin resolver y ¡lo trincaron! Al violador, no a su primo del test comercial, claro.

    https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2018-05-28/adn-gedmatch-23andme-ancestrydna-myheritage_1569784/

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